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Rev. Hosp. Psiquiátrico de la Habana 2012, 9(3)

 

Papá Ordaz

Jesús Dueñas Becerra

«Papá Ordaz» es el título del documental que el realizador Héctor Fernández Ferrer dedicara a la vida y la obra del comandante, doctor Eduardo Bernabé Ordaz (1921-2006), director fundador del Hospital Psiquiátrico de La Habana (HPH), que hoy lleva su ilustre nombre. Y cuya premier tuviera lugar en la Casa del Alba Cultural, en La Habana, capital de la Isla.
Producido por Audiovisuales «San Miguel», en las secuencias fílmicas recogidas en dicho material, familiares allegados y amistades, así como  personalidades de la ciencia, la cultura y la Iglesia Católica caribeñas, relataron momentos trascendentes de su fecunda trayectoria vital.
Un amigo cercano dio a conocer una de las múltiples facetas de la carismática personalidad del joven Bernabé: en sus años mozos, integró la Banda Municipal de Bauta, su segunda patria chica, donde fuera el primer trompeta de esa agrupación musical.
Posteriormente, se refirieron a la época en que estudiaba Medicina en la Universidad de La Habana durante los años 40 y 50 del pasado siglo, así como a los grandes sacrificios económicos que la familia tuvo que realizar para que él pudiera obtener el título de Doctor en Medicina.
Por otra parte, describieron cómo fue incorporándose gradual y progresivamente a la lucha desarrollada por la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) contra la dictadura del general Fulgencio Batista y Zaldívar (1901-1973).
Actividades revolucionarias —calificadas por el régimen de facto como «subversivas»—  que lo llevaron, en reiteradas ocasiones, a presidio por conspirar contra el status quo prevaleciente en aquella época socio-histórica, de triste recordación. Y, finalmente, a alzarse en las montañas de la Sierra Maestra, donde fue director del hospital «La Plata», y alcanzó el grado militar de comandante del Ejército Rebelde al triunfar la Revolución.
Las imágenes registran las condiciones deplorables en que malvivían los pacientes recluidos en el Hospital de Dementes de Cuba, del cual fue nombrado director el 9 de enero de 1959; loable función que desempeñó hasta el 5 de agosto de 2003.
Cuarenta y cuatro años consagrados en cuerpo, mente y alma a humanizar la existencia del paciente, rehabilitarlo mediante la terapia ocupacional y respetar su inviolable dignidad como persona. Al mismo tiempo, proporcionarle atención médica especializada y cubrir sus necesidades materiales más elementales.
Principales herramientas de trabajo empleadas por el Profesor Emérito de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana para tratar a los pacientes que, por su afección mental de base, son los seres más olvidados y marginados de todo el orbe.
La labor científica y humanitaria llevada a cabo durante más de cuatro décadas por el único cubano propuesto a dos Premios Nobel: el de la Paz y el de Medicina, no solo se circunscribió a la Psiquiatría cubana. Su valioso aporte a dicha especialidad biomédica, percibida como fuente nutricia de ética, humanismo y espiritualidad, trascendió nuestras fronteras geográfico-culturales y llegó a Iberoamérica y a Europa.
En opinión de los entrevistados, fue capaz de demostrar —con pruebas fehacientes— que no existe la más mínima contradicción entre humanismo revolucionario y humanismo cristiano. La heroína de la Sierra, Celia Sánchez Manduley (1920-1980), y el comandante Ordaz devienen los mejores ejemplos de que uno y otro se complementan, y en modo alguno, se excluyen.
Para quienes estuvieron cerca del Héroe del Trabajo de la República de Cuba el éxito de su misión científica y humanitaria al frente del HPH, que convirtiera en paradigma del sistema cubano de salud, radicó en lo que los psicólogos denominan «sentido de pertenencia».
El doctor Eduardo Bernabé Ordaz fue un modelo viviente de esa categoría de la martiana ciencia del espíritu, ya que el HPH era su mayor realización como médico, como revolucionario, como cristiano y como persona. De ahí, que no solo los pacientes, sino todos los que integraban la gran familia de esa institución de salud lo llamaran —con cariño y respeto ternísimos— «Papá Ordaz».