Sumario

Rev. Hosp. Psiquiátrico de la Habana 2005;2(1)

 

DE COLEGA A COLEGA

Jesús Dueñas Becerra

“La posibilidad de realizar un sueño es

lo que hace que la vida sea interesante”

Paulo Coelho.

La doctora Elsa Gutiérrez Baró, profesora emérita de la Universidad Médica de La Habana y Miembro de Honor de la Sociedad Cubana de Psiquiatría, es directora fundadora de la capitalina Clínica del Adolescente, donde ciencia y humanismo revolucionario se unen en cálido abrazo. El 21 de enero de 2005 esa emblemática institución cumplió sus primeros treinta años de vida en el campo de la salud mental infanto-juvenil. Con motivo de esa histórica celebración, la destacada psiquiatra caribeña reunió a profesionales, técnicos y demás trabajadores, que a lo largo de tres decenios han laborado o continúan prestando sus valiosos servicios en ese centro, y han entregado lo mejor y más puro de su intelecto y su espíritu a la numerosa grey infanto-juvenil que, en ese contexto ético-humanista, ha recibido no sólo atención especializada, sino también amor, respeto y comprensión.

Nuestro órgano de prensa se solidariza con la obra asistencial, docente e investigativa que, desde 1975, desarrolla la Clínica del Adolescente, y que tanto prestigio le ha dado al Sistema Nacional de Salud dentro de nuestra plataforma insular y fuera de ella. En consecuencia, me acerqué a mi estimada colega y amiga para pedirle que les hablara a las lectoras y los lectores de nuestra revista acerca de su fecundo quehacer en el fascinante mundo de la adolescencia; etapa de la vida humana caracterizada por un mágico proceso de crecimiento bio-psico-socio-cultural y espiritual, en que la persona deja de ser niña o niño… para convertirse gradual y progresivamente en mujer u hombre.

¿Qué significa para la doctora Elsa Gutiérrez Baró la Clínica del Adolescente?

  Ha sido y es parte de mi vida. La Clínica recientemente cumplió 30 años. Pero, desde mucho antes, yo estaba interesada en todas las cuestiones relacionadas con la adolescencia y con los niños en general. En el año 1961, fui la primera directora de una escuela muy especial, que funcionó en el Hotel Nacional (de Cuba) con mil alumnas adolescentes, procedentes de lugares muy apartados de nuestro país. Esa experiencia tuvo un impacto en mí, porque pude observar y estudiar a cientos de muchachas campesinas. Así, entre luchas y estudio, yo soñaba con un centro como es la Clínica. Con pocas palabras…, la Clínica es un gran sueño hecho realidad .

En el ejercicio de la medicina se sustenta el criterio de que un buen psiquiatra infanto-juvenil debe haber sido, necesariamente, un sagaz pediatra. ¿Profesora, se ajusta ese criterio a la realidad o es una simple especulación, y cuál es su opinión al respecto?

  El niño, la niña, los adolescentes, o mejor, el ser humano, es una unidad bio-psico-social, y por supuesto, dentro de lo social está la cultura… sin olvidar lo espiritual, que es tan importante. Si se desconocen los aspectos somáticos pueden cometerse errores graves y si nos olvidamos que un niño no es sólo un conjunto de órganos y sistemas, también estaremos errados. Por eso, el trabajo en equipo es superior a los esfuerzos individuales, la inteligencia colectiva es rica y favorece a todos, tanto al paciente como al colectivo de profesionales que lo integran. Un especialista se forma adecuadamente cuando comprende las ventajas que tiene esa modalidad y la pone en práctica en el ejercicio de su profesión.

¿Profesora, cómo concibe, desde su práctica docente-educativa en la Universidad Médica de La Habana, la formación que deben recibir los futuros profesionales de la salud mental infanto-juvenil, para que puedan cumplir la noble tarea que nuestra sociedad les ha asignado?

Para mí, la formación que deben recibir los futuros profesionales de la salud mental infanto-juvenil debe basarse en tres pilares fundamentales: su capacidad intelectual, su sensibilidad humana y su ética. Los conocimientos se van adquiriendo, pero si esos conocimientos, que son, es cierto, muy importantes, el profesional no los interioriza e incorpora a su estilo de trabajo, no alcanzan a los pacientes, y por ende, el especialista carece de esa capacidad empática, de ese magnífico arte que es la comunicación con el paciente , y que siempre le permite ayudar, entender al otro, ser capaz de ponerse en su lugar, ya sea niño, niña, padre o madre.

Doctora, quisiera que me explicara ¿que la motivó a escribir los libros Mensajes a los padres , Los niños enseñan y Muy en serio y algo en broma , publicados por la Editorial Científico-Técnica, y que usted, amablemente, me acaba de obsequiar y dedicar?

  Pienso que lo que no se escribe se pierde. En Cuba, y posiblemente en otros países también, ha sucedido algo lamentable: muchos médicos eminentes no han dejado nada escrito sobre sus experiencias; personalmente los he conocido y eso me aflige desde todo punto de vista. Hay que cuidar la memoria histórica y no hay otro modo para lograrlo que dejar los conocimientos y las experiencias sobre el papel. Por supuesto, la docencia es también otra forma de compartir los conocimientos…, aunque no es tan efectiva. Es cierto que el lenguaje científico es diferente al lenguaje literario y periodístico…, pero con perseverancia todo se aprende. Además, escribir es muy agradable, comunicarse con los demás produce felicidad, aunque una no sea una profesional en esos quehaceres. Escribir, al igual que leer, alimenta el intelecto y el espíritu de la persona. ¿No lo cree usted… periodista?

¿Alguna sugerencia o recomendación a los especialistas que se inician en el fascinante mundo de la salud mental infanto-juvenil?

De los muchos recuerdos que atesora la humanidad, ninguno más bello que la voz del amor. Esa, y no otra, es la voz que deben escuchar los profesionales a quienes se les ha encargado cuidar y proteger la salud mental de niños y adolescentes, “la arcilla fundamental que sostiene nuestra sociedad”, al decir del inolvidable comandante Ernesto Che Guevara. ¡Ah! se me olvidaba decirle que nos veremos dentro de treinta años para celebrar el sexagésimo aniversario de la Clínica del Adolescente.

 

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