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Rev. Hosp. Psiquiátrico de la Habana 2008, 5(1)

 

CARACTERÍSTICAS SOCIODEMOGRÁFICAS DEL PERPETRADOR DE DELITOS SEXUALES CONTRA MENORES EN LA CIUDAD DE LA HABANA, PERÍODO COMPRENDIDO DE SEPTIEMBRE DE 2005 A SEPTIEMBRE DE 2006


Luis Enrique Vidal Palmer, 1 Susana A. Borges González, 2 Ernesto Pérez González, 3 Maryloli Acosta González, 4 Marien M. Guerra Guerra,4

RESUMEN

Las agresiones sexuales repercuten más allá del hecho violento atentando contra la libertad y la dignidad de las personas y generando una compleja gama de trastornos en la integridad de la víctima y en su entorno familiar, educacional y social, además representan una de las más graves disfunciones de la convivencia humana; todo esto se agrava cuando la víctima es una personalidad en formación.

Con nuestro estudio tratamos de darle solución al siguiente problema: ¿Qué factores personológicos y sociales caracterizan a los sujetos que cometen delitos sexuales contra menores? El beneficio mayor de este trabajo es de índole social, pues el descubrir y determinar las características del perpetrador ayudaría con una visión criminológica preventiva, unido a lo que ya sabemos sobre las víctimas, a reducir los índices de estos delitos y por ende las secuelas físicas y psíquicas que dejan y que en la mayoría de los casos dan al traste con la vida de las víctimas o provocan su hospitalización. Por lo tanto este proyecto nace de la necesidad imperiosa de buscar perfiles de los sujetos que cometen estos delitos, perfiles que se realizan desde el punto de vista criminológico. Para esto nos trazamos como objetivo establecer las condiciones sociodemográficas sobre la base de las variables edad, sexo, estado civil, nivel escolar, vinculación. Se realizó un estudio descriptivo, longitudinal prospectivo. El universo de trabajo estuvo comprendido por todos los individuos que fueron acusados formalmente en Ciudad de La Habana de cometer un delito sexual en el período comprendido entre septiembre de 2005 y septiembre de 2006. A cada caso se le realizó uniformemente, según criterios e instrumento preestablecidos, las siguientes investigaciones: cuestionario de recogida de datos, entrevista en profundidad, examen pericial psiquiátrico y prueba de funcionamiento familiar.

Los perpetradores de delitos sexuales en su mayoría son hombres jóvenes de 21 a 45 años, con un nivel educacional considerado como medio superior, que viven en unión marital, con una pareja estable; las tres cuartas partes de ellos no presentan antecedentes penales formales y los que los tienen no son reincidentes de este tipo de delito, casi la mitad son desempleados, se desenvuelven en un medio familiar disfuncional o marcadamente disfuncional y esto se asocia a victimización en el hogar.

Palabras clave: perpetradores, violencia, disfunción social, delitos sexuales.

INTRODUCCIÓN

La violencia como problema social ha adquirido tal resonancia en la actualidad que la ONU en 1994, expresó que “es el máximo reto con que la humanidad entrará en el siglo XXI”.1

Las agresiones sexuales repercuten más allá del hecho violento, atentan contra la libertad y la dignidad de las personas y generan una compleja gama de trastornos en la integridad de la víctima y en su entorno familiar, educacional y social, además representan una de las más graves disfunciones de la convivencia humana.2 Todo esto se agrava cuando la víctima es una personalidad en formación.

Hablar de violencia como la expresión física, escrita, verbal o gestual agresiva de un individuo, grupo o institución, nos remite a un campo controvertido de discusión teórica en donde hay diferentes corrientes para explicarla: biologicista, sociobiológica y social. La violencia sexual no es un aspecto fundamentalmente biológico, sino cultural. Partimos, como principio ontológico, del supuesto de que solo puede, cabalmente, ser explicada a partir de la corriente social.3

La violencia sexual es manifestación del desequilibrio de poder en función de raza, etnia, clase social, género, edad, religión, orientación sexual, escolaridad, etcétera. En las relaciones hombre-mujer se explica a partir de identidad genérica en un entorno patriarcal asimétrico y violento.4

El poder ha sido abordado multidisciplinariamente como un constructo multidimensional con diferentes sentidos al ser ejercido y abordado; en este proyecto lo entendemos desde un marco ideológico como un elemento de la estructura y la organización social vivido en la cotidianidad, visto como capacidad y modo de dirigir las acciones de los otros, modo de acción y relación de individuos, parejas o colectivos; y como una condición que no se posee, sino que se ejerce en íntima relación con las nociones de dominio, enajenación y exclusión.5,6

La violencia, incluidos los delitos dentro de ella como sus variantes socialmente más peligrosas, es un proceso y la caracterizaríamos por:

    1. No tener un desarrollo casual7 aunque como drama humano a veces sean más visibles sus componentes anecdóticos que sus causas, lo que puede conducir a análisis muy superficiales.

    2. Ser, sobre todo, socialmente originada8 por lo que su causalidad rebasa el estrecho marco de la personalidad de víctimas y perpetradores.

    3. Resultar esquematizada y reducida cuando, al trascender a delito, es objeto social del sistema penal, el más popular y socialmente imprescindible, pero insuficiente en sus métodos y objetivos para detectar todas sus causas y consecuencias, reaccionar a cada una de ellas y tratar integralmente a todos sus protagonistas. Por ello la reacción social preventiva requiere nuevos aportes desde otros sectores, tradicionalmente no involucrados en el control de la violencia.9-11

    4. Requerir de interdisciplinariedad en su estudio, dada la multifactorialidad de su origen.12-15

    5. En lógica consecuencia de lo anterior, requerir también de métodos de investigación tanto cuantitativos como cualitativos16,17 y de sistemas conceptuales integrados e integradores, pues si se tiene una información sectorizada de la violencia o se opera con un único enfoque parcializado, se omitirán elementos de gran importancia para su comprensión global y dinámica.

    6. Tener, específicamente en nuestro medio en sus variantes interpersonales, una alta influencia, directa o indirecta, de familia y género18,19 sean indistintamente perpetradores o víctimas, hombres o mujeres. Género y familia potencializan transversalmente a otros factores eventualmente generadores de violencia, con los que al encadenarse crean círculos negativos de retroalimentación,20 a pesar de que en nuestra sociedad resultan restados o disminuidos determinados factores macrosociales de riesgo, como la falta de ayuda social o médica; o el desinterés estatal por los problemas de la mujer y la niñez, por ejemplo.

    Aun ante el propio conocimiento victimológico de que la participación del menor objeto de abusos sexuales no es típicamente pasiva, ni los métodos empleados en su ejecución son habitualmente cruentos en lo que se refiere al uso de formas físicas o psicológicas bruscas, no resulta inapropiado considerar a estas conductas dentro del amplio marco de la "victimización violenta" desarrollada contra menores, pues precisamente la "violencia" resulta del hecho de actuar sin el consentimiento de una persona. Por esta razón esencial es que el abuso sexual contra menores, aun cuando aconteciera de forma "suave" o incruenta, cabe perfectamente dentro de lo conceptualizado como violento y los factores que lo determinan, favorecen o se le asocian, lo son también de una forma especial de violencia y maltrato, como tal un problema de salud.21

    En este nuevo milenio, en el contexto de una sociedad convulsa en la que todos sin excepción padecemos los efectos de las múltiples formas de violencia, resulta una necesidad inminente reaccionar contra los orígenes sociales de este fenómeno y solo partiendo del conocimiento de sus causas es posible actuar sobre él.

    En efecto, enfrentamos un inmenso desafío social al tratar de detener este mal que ha lacerado la existencia humana durante siglos independientemente de la edad, sexo, raza o estrato social del hombre, pero de manera especialmente negativa resulta aquella violencia que se ejerce sobre los niñas y niños, de modo que se lastima la vida allí donde ella se inicia y se maltrata al mañana, al porvenir, generándose un ciclo de agresión permanente que se vuelve contra la sociedad misma.

    En particular “el abuso sexual infantil representa uno de los más devastadores problemas para la paz de una comunidad debido a su potencial destrucción promoviendo y generando nuevos círculos de violencia que obstaculizan, distorsionan y alteran el desarrollo cognoscitivo de los individuos. La complejidad de la dinámica del abuso, sus efectos y factores de riesgo plantean la necesidad de diseñar e implementar acciones de vigilancia, control y prevención”.22

    La mayoría de los estudios realizados hasta la fecha en esta línea en Ciudad de La Habana21,23-28 se han hecho sobre la víctima, partiendo de las características individuales más comunes de esta y el entorno familiar en función de la prevención del delito y el tratamiento posterior de la víctima.

    Teniendo una visión integradora y partiendo de lo ya supuesto en la víctima creemos que el conocimiento de las características individuales del acusado juega un papel importante dentro del control y la prevención de estos actos, no solo es importante actuar sobre la víctima –que generalmente se convierte en victimario años más tarde– sino también sobre el perpetrador a expensas de sus características asegurándole un tratamiento penal rehabilitador y una adecuada reinserción social para evitar que incurra en un nuevo ciclo después de haber terminado su sentencia penal.

    Precisamente en esta línea de acción se enmarca este trabajo, pues nuestro  desempeño como peritos de una comisión provincial de Psiquiatría Forense nos ha llevado a constatar algunos factores de riesgo del perpetrador de delitos sexuales en menores, pues al contactar con este y sus familiares más cercanos se han detectado de manera indirecta sus necesidades, temores y conflictos tanto previos como posteriores al hecho, en el marco intrafamiliar y el extrafamiliar.

    La identificación de estos factores sería de gran utilidad para la prevención de estos actos en los que niñas y niños resultan victimizados.

    Las hipótesis elaboradas hasta el momento en nuestro país han tratado de caracterizar al victimario pero a partir de estudios realizados a la víctima, las características del hecho y el medio en que se produce, sin embargo adolecemos de un estudio en el victimario.

    Es por ello que hemos dirigido nuestro esfuerzo a identificar en los acusados y su familia los factores de riesgo existentes y las posibilidades de introducir en ella factores protectores, como base y objetivo de una intervención que elimine los primeros e incorpore los segundos, para lograr así la rehabilitación de los victimarios y su sistema familiar y la prevención de revictimización y de otras victimizaciones e incluso de la posterior criminalización de la niña o niño afectado.

    La tendencia actual de la dirección de nuestro estado hacia la detección y apoyo de personas y grupos en situación de desventaja social, hace que esta aspiración nuestra sea encuadrable en todo lo que justifique y avale esa política.

    En resumen los objetivos del presente trabajo son identificar los factores criminógenos sociodemográficos que caracterizan los delitos sexuales contra menores desde la perspectiva del acusado, así como establecer las condiciones sociodemográficas sobre la base de la edad, sexo, estado civil, nivel escolar, vinculación laboral, tipo de familias y antecedentes penales de estos individuos.

    MATERIAL Y MÉTODOS

    Se realizó un estudio descriptivo, longitudinal prospectivo. El universo de trabajo estuvo comprendido por todos los individuos que fueron acusados formalmente en Ciudad de La Habana de cometer un delito sexual en el período comprendido entre septiembre de 2005 y septiembre de 2006. Se decidió estudiar a todos los acusados a partir de la presunta existencia de una alta probabilidad de que estos fuesen realmente culpables; según un estudio realizado en 1997 en la Ciudad de La Habana24 en un análisis de casos judiciales el 83 % de los acusados que se instruyen por estos delitos resultan sancionados, por lo que deben de ser perpetradores, creemos que este aspecto le da la confiabilidad inicial a este estudio.

    Para asegurarnos de que la muestra fuese totalitaria se procedió a hacer la coordinación con la dirección nacional de instrucción y los jefes de todas las regiones de procesamiento penal del delito para que todos los casos expedientados pasaran por el departamento de peritación mental en la fase de instrucción.

    El estudio de cada caso se realizó uniformemente según criterios e instrumento prestablecidos con pruebas previas y ajustes en pilotaje con casos similares a los que integrarían el grupo.21-28

    La recogida de la información desde los expedientes judiciales estuvo a cargo de una especialista en Psiquiatría con más de 15 años en la actividad forense.

    El grupo de estudio quedó constituido por 116 casos.

    El instrumento empleado para la recogida de datos fue un cuestionario diseñado para estos fines. En todos los casos la recogida de datos se hizo del expediente de fase preparatoria y la entrevista directa con el autor. Esto se complementó con el peritaje psiquiátrico que es uno de los medios básicos de acercamiento de la Psiquiatría a la ley

    La peritación psiquiátrica es elaborada por el perito que actúa en calidad de experto y conocedor de la Psiquiatría, aportando su ciencia para esclarecer el estado mental de un sujeto que se halla en situación de conflicto con la ley, para esto se tomó como patrón el modelo cubano29 que redunda en características muy propias de la personalidad y estado psicopatológico de los sujetos.

    Incluimos por su importancia en la investigación una segunda parte cualitativa consistente en una entrevista no estandarizada o en profundidad, la cual consideramos la técnica más apropiada por las características del tema a investigar, pues proporciona seguridad y confidencialidad al informante, nos da la posibilidad de mayor riqueza en la información, permite extraer respuestas más agudas y comprensivas del objeto de estudio y el acercamiento de temas tabúes (como el que nos ocupa). Esta, como estrategia de investigación, permite una mejor comprensión de los procesos vividos, además de la captación de datos nuevos y desconocidos narrados por los propios actores,16 de esta forma afloraron conflictos y particularidades individuales que sí nos permitieron hacer generalizaciones, e hicieron posible que nos focalizáramos en un estudio intensivo a la generalidad ya establecida y así pasar a un nivel superior del conocimiento que nos acercó más a detectar en qué medida podemos prevenir.

    También les aplicamos a todos los acusados la prueba de percepción del funcionamiento familiar. Este instrumento se escogió por varias razones: primero por su objetivo de construcción, que es evaluar la funcionabilidad del sistema familiar a través de un lenguaje sencillo y de fácil comprensión para cualquier nivel de escolaridad, en segundo lugar porque en su diseño solo requiere, para la valoración de la percepción, de uno de los miembros de la familia, en este caso se le aplicó al acusado y a otro miembro de la familia, siempre de primer grado de consanguinidad con este. Por último, pero no menos importante, este es el instrumento recomendado para utilizar en los estudios de funcionabilidad familiar por el Grupo Asesor Metodológico de Estudios de la Salud de la Familia del Ministerio de Salud Pública (MINSAP) y se recoge en el Manual para la Intervención en la salud familiar del 2001.30

    La información se resumirá en tablas para definir las características que con mayor frecuencia aparecen en estos sujetos y lograr un perfil de ellos, utilizando los por cientos.

    DEFINICIÓN DE VARIABLES A EVALUAR

    I- Del perpetrador

    A) Sociodemográfica:
    Edad:
    - Menos de 20 años
    - De 21 a 45 años
    - Más de 46 años
    Sexo:
    -Masculino
    - Femenino
    Nivel escolar:
    - Analfabeto
    - Primario
    - Secundario
    - Preuniversitario
    - Superior
    Estado civil
    -En unión marital formal
    -En unión marital informal
    -Sin relación marital
    Vinculación ocupacional
    -Con vínculo laboral estatal formal
    - Con vínculo laboral formal (trabajador por cuenta propia)
    - Sin vínculo laboral formal
    B) Disfuncionalidad en el medio familiar:
    - Medio familiar disfuncional
    - Medio familiar no disfuncional
    - Medio familiar marcadamente disfuncional
    C) Antecedentes penales formales
    - Con antecedentes
    - Sin antecedentes

    BREVES CONSIDERACIONES ÉTICAS

    La investigación que nos ocupa es consecuente con el pensamiento ético más actual, tanto por su concepción como por la forma en que se ejecutará.

    Por su concepción ayuda a la comprensión y prevención de varias formas delictivas desde el perpetrador, por lo que es consecuente con la legalidad imperante en nuestra sociedad, al tiempo que ayuda a combatir crímenes que significan conductas dañinas hacia los menores y que atentan contra su autonomía.

    A estos dos principios éticos, transgredidos por los delitos que nos ocupan, se suma el de justicia pues consideramos injusta cualquier utilización sexual de los niños (aceptando por justicia dar a cada cual lo que le corresponde)

    La pericia con que se realiza el estudio, aun cuando no tiene fines terapéuticos, ayuda a un mejor manejo del medio familiar tanto de la víctima como del victimario.

    Todo lo expuesto acerca de cómo concebimos los principios de la bioética (Brabo M 1997, Orta SD 1997) en el contexto de la investigación, nos parece argumento ético suficiente para justificar que se lleve a cabo.

    Si bien esta práctica cumple con los requisitos jurídicos que la sociedad impone como mínimos de conducta, los máximos morales que tenemos trazados son superiores y no quedan satisfechos con este actuar.

    Entonces se impone recoger el consentimiento informado del peritado. Para esto no opinamos acertada la utilización de ningún formulario, primero porque no estamos legalmente obligados a ello y segundo porque no consideramos el consentimiento como un acto único y transversal, sino como un proceso lineal a lo largo de las entrevistas, que incluso en ocasiones no se necesita verbalizar, solo suspender la exploración de aspectos en los que se descubre que revivenciar el hecho está resultando nocivo para el entrevistado.

    De todas formas a los interesados se les explican los objetivos y los resultados esperados por el equipo en su empeño, que participar o no de la investigación es voluntario y no modificará para nada el peritaje que se realice y que se pueden retirar del trabajo en cuanto lo deseen.

    La respuesta afirmativa a participar en la investigación será plasmada por quien entrevista en los registros que se tomen de los datos que se utilizan.

    El anonimato será respetado en todo momento .Al incursionar en las familias, se respetará también el anonimato de terceras personas plasmando solo el grado de parentesco que tienen con los que nos interesan como objeto de estudio.

    Por último, añadimos que durante las entrevistas nos abstuvimos de indagar en aspectos íntimos que pudieran resultar vergonzosos y que no añadirían ningún elemento útil a los objetivos que nos proponemos; las conversaciones se practicarán en locales que garanticen una absoluta discreción y no se permitirá la presencia de ninguna persona además del entrevistador y el entrevistado, así como también serán destruidos todos los apuntes que no aparezcan en el informe una vez presentado este.

    RESULTADOS Y DISCUSIÓN

    Figura 1. Grupos etáreos de los acusados

    En la figura 1 se puede apreciar que en los acusados de delitos sexuales contra menores predomina el grupo de edad comprendido entre 21 y 45 años representando el 80,1 % (93 acusados), seguido del grupo etáreo mayores de 46 años con 21 acusados  para el 18,1 % de la muestra.

    Esto nos da una clara tendencia hacia edades jóvenes en estos sujetos desechando por tanto las teorías de un deterioro cognitivo o senil producto de cambios propios del envejecimiento en el que se desinhibirían o afectarían algunas conductas de relación, específicamente las que tienen que ver con el objeto sexual. Es de significar que la edad promedio de estos sujetos está en los 39 años, edad en la cual existe una sólida madurez sexual, con una ya bien definida conducta sexual y elección del objeto sexuado. En el caso de los 2 adolescentes de este estudio coincidimos con 2 investigaciones previas con ellos,31,32 las cuales contextualmente fueron  similares a las de este estudio; se encontró que no existe una definición clara de sexualidad, y que no hay consenso cultural en los elementos retomados para su conceptualización; estos giraron principalmente (según peso cultural) en torno a cuestiones psicoafectivas, inseguridad, cuidado y prácticas sexuales, donde, aunque con poca frecuencia, la violencia aparece como elemento conceptual, asociada con la noción de dolor y un ejercicio de dominación mediante la fuerza para conseguir la virginidad o la relación sexual.

    Figura 2. Sexo de los acusados.

    Es de significar que de todos los acusados predominaron los del sexo masculino 111 (95,6 %) y solo 5 fueron féminas (4,3 %) (fig.2).

    Esto se corresponde con los estudios revisados23,27,31,33-37 donde se señala al hombre como principal fuente de violencia sexual en niñas y niños, es de significar que el 85 % de las víctimas corresponde a niñas en edades de 12 años o más lo que corresponde con el período puberal y la adolescencia en la que ya están sexuadas, por tanto es improbable que los victimarios sean pedófilos, pues estos prefieren los objetos asexuados.

    Esta mayoría de varones habla a favor de la violencia de género donde la figura masculina sigue teniendo un papel protagónico sobre la base de que la masculinidad como categoría social está constituida por presupuestos socioculturales sobre ideales y estereotipos de género y de relacionamiento intergenérico que contribuyen a la construcción del imaginario subjetivo, la representación social, la manera de ser y la manera de relacionarse de hombres y mujeres,38,39 la ideología hegemónica de la masculinidad es una visión construida por los hombres a lo largo de la historia, que plantea como supuestos fundamentales para sí, la heterosexualidad, la racionalidad y el privilegio de poder infligir violencia. El poder ligado a la hegemonía dominante de la masculinidad se expresa en el monologismo que otorga la universalidad y la verdad a un discurso social que busca imponerse.40

    Existe similitud en los datos obtenidos por nosotros con relación a otras investigaciones; en cuanto al sexo reitera el planteamiento de una formación sexista y androcéntrica, así como del status de objeto de la mujer desde sus edades tempranas.

    Nos llamó la atención que en el caso de las 5 mujeres, los delitos de los cuales se les acusan son precisamente los de corrupción de menores.

    Figura 3. Nivel escolar de los acusados

    La figura 3 muestra el nivel escolar de los acusados, donde predominan los de nivel secundario (67 acusados, 57,7 %), seguidos de los de nivel preuniversitario (25 acusados, 21,5 %). Esto contradice lo que se pudiese pensar sobre que los abusadores sexuales son personas catalogadas de subculturizadas o de bajo nivel intelectual, pues estamos hablando de sujetos que viven en áreas urbanas (capital del país), en su mayoría con un grado alto de escolaridad, sobre los cuales ha existido, sin dudas, el efecto de los agentes socializadores y culturalizadores. Esto coincide plenamente con los estudios anteriores desde una óptica de la víctima donde aprecian en los victimarios un nivel escolar y cultural medio.24,27,41

    Figura 4. Estado civil de los acusados

    Apreciamos aquí (fig.4) que el 78,4 % de los acusados tenían una unión marital (ya sea esta formal o informal) y solo 25 de ellos no tenían una relación de pareja estable, esto contradice el mito de que son pervertidos sexuales sin pareja fija que buscan la satisfacción o gratificación sexual en sus relaciones con menores, quedando excluidos los parafílicos en los cuales el comportamiento sexual es intenso e incontrolable y recurrente, que implican objetos, actividades o situaciones poco habituales;42 aquí distinguimos especialmente a los pedófilos, pues en estos su deseo u objeto sexual es exclusivo para el niño o niña, no al adulto con el cual se sienten incapaces de mantener una relación sexual.43,44 Por tanto creemos, al igual que plantea Ronda Fernández,45 que el problema de la victimización del menor no está en la elección del objeto sexual, sino que lo que prima es la autosatisfacción, la demostración del poder, de la superioridad de la figura adulta con respecto al niño o niña.

    En este sentido coincidimos con la mayoría de los estudios realizados en los que se ve un claro predominio de sujetos acusados los cuales tienen una vida marital aparentemente estable.23,27,31,33-35,37

    Figura 5. Vinculación ocupacional de los acusados

    En la figura 5 se observa que 56 de los acusados no tienen un vinculo laboral formal, lo que representa un 48,2 %; el 51,7 % restante está vinculado laboralmente (33,6 % son trabajadores por cuenta propia y 18,1 % laboran en el servicio estatal). Como puede verse es mayor el número de vinculados laboralmente, y a pesar de que la diferencia no es significativa, se corresponde con otros estudios45-47 en los que se plantea que los abusadores sexuales son personas socialmente integradas, que tienen trabajo y además son buenos trabajadores.

    Pero en nuestra apreciación lo más importante es que tenemos casi la mitad de estos sujetos socialmente desempleados, sin un sostén económico aparentemente lícito, que no juega con el índice de desempleo para la población general cubana y que puede estar relacionado con sujetos con antecedentes penales y que forman parte o constituyen un grupo de riesgo delictivo en general. Esto nos induce a pensar que son sujetos con tendencias más delincuenciales que sexuales.

    Figura 6. Medio familiar del acusado

    El nivel de funcionalidad del medio familiar del perpetrador se muestra en la figura 6, donde observamos que 66,3 % (77) de ellos se desarrollan en un medio disfuncional y 7 (6,0 %) de estos acusados conviven en un medio marcadamente disfuncional, los 32 restantes conviven en un medio familiar funcional, lo que representa un 27,5 % de la muestra.

    Es de significar que el 93,8 % de estos acusados provienen de un  hogar en el cual no existe o es muy baja la funcionalidad familiar; frente a esto nos dimos a la tarea de revisar exhaustivamente los datos cualitativos de estas familias recogidos en las entrevistas a profundidad y encontramos que eran hogares donde los patrones morales están distorsionados, donde hay una inversión o dislocación de las escalas de valores, hogares con tendencia a la violencia, la cual algunos describen como un estilo histórico dentro de ellas trasmitido de una generación a otra, también se ven elementos de muy pobre comunicación verbal, donde están privados los afectos entre sus miembros, son familias que en su estructura son extensas y trigeneracionales lo cual implica que se incremente el riesgo de disfuncionalidad jerárquica, sumado a que en su mayoría existía ausencia de la figura paterna, aspectos estos que coinciden con varios de los estudios consultados.20,26,28 Otros autores plantean que la ausencia genuina del rol de padre hace que se pierdan factores protectores y sostenedores de la familia tanto económica como social, también se pierden las reglas en el espacio familiar, no se forman valores y se pierde la participación activa en la satisfacción de las necesidades afectivas y educativas.

    Esta disfuncionalidad familiar encontrada en la familia de procedencia tiene un alto valor criminógeno, pues aquí es donde se socializa el sujeto y desarrolla su conducta, lo que condiciona y propicia el origen de las conductas delictivas de estos sujetos más por la violencia vivida que por otras causas, conductas estas que se repiten en el proceso de socialización general al formar su propia familia, es decir repite lo que vio y aprendió de niño.

    Sin lugar a dudas, la familia, como célula fundamental de la sociedad juega un rol importante como agente de control informal en el proceso de socialización de sus miembros y en el desarrollo de patrones morales. A nuestro juicio esto ha fallado por lo que apreciamos en este estudio, lo que nos obliga a proponer el desarrollo de una reacción social multisectorial de agentes de control formal e informal, que rebase por supuesto el marco del procesamiento penal y que no sea unidireccional hacia el perpetrador ni, incluso, hacia las víctimas formales. Los roles de víctima y victimario son intercambiables y dinámicos, el maltratador ahora acusado en su momento fue víctima y lo será nuevamente o, lo es simultáneamente, las víctimas a su vez pueden constituirse en trasmisores de violencia. Por lo que creemos que en acciones preventivas para este flagelo no tener en cuenta el  trabajo con la familia es contraproducente y sesga la visión integral del fenómeno.23,24,27,28

    Figura 7. Antecedentes penales formales del acusado

     

    Solo 28 de los acusados tenían antecedentes penales formales (24,1 %) y los 88 restantes (75,8 %) no los tenían. Lo más relevante aquí (figura 7) es que la mayoría de los sujetos que cometen delitos sexuales contra menores no tienen antecedentes delictivos, pero lo curioso del estudio es que de los que los tienen ninguno reincide en el mismo, lo que, si retomamos la idea inicial de que no son pedófilos, avala esto, pues de serlo tendrían que –al menos en un por ciento importante– ser reincidentes, pues estos actos sexuales contra los menores forman parte de su sexualidad normal. Esto se corresponde con un estudio realizado desde la víctima donde se aprecia que la tercera parte de los victimarios tenían antecedentes penales y ninguno reincidía en el mismo.25

    Esto nos da la medida de que no podemos en este aspecto circunscribir el criterio preventivo alrededor de sujetos con tal tipo de antecedentes pues seria contraproducente.

    Podemos concluir después de la presentación de los resultados que los perpetradores de delitos sexuales en su mayoría son hombres jóvenes, con un nivel educacional considerado como medio superior, tienen una pareja estable, pues viven en unión marital, las tres cuartas partes de ellos no presenta antecedentes penales formales y los que los tienen no son reincidentes de este tipo de delito, la vinculación laboral no es un dato significativo en ellos, aunque es de señalar que casi la mitad son desempleados. El medio familiar donde se desenvuelven es catalogado como disfuncional o marcadamente disfuncional. Se caracteriza por  patrones morales  distorsionados, donde hay una inversión o dislocación de  las escalas de valores, hogares con tendencia a la violencia, con  muy pobre comunicación verbal, donde están privados los afectos; estas familias, en su estructura, son extensas y trigeneracionales, lo que se asocia significativamente a victimización en el propio hogar por familiares, vecinos o conocidos, en especial, si este es el padrastro, todo lo cual habla a favor de elementos criminógenos generales.

    DEMOGRAPHIC CHARACTERISTICS OF THE SEXUAL CRIME PERPETRATOR ON MINORS (IN HAVANA CITY, FROM SEPTEMBER -2006 TO SEPTEMBER -2007)

    SUMMARY

    Sexual abuse impacts on victims further than the violent fact. It attempts against the freedom and dignity of the persons causing a complex spectrum of disorders on the victim’s integrity and on his or her social, educational and family environment, besides it represents one of the most critical dysfunctions of the human coexistence, becoming everything worse when the victim is a developing personality.

    With this work we try to bring a solution to the following problem: Which are the social and personological factors that characterized the perpetrator of sexual crime on minors? The greatest benefit of this work lies on its social condition, therefore, bringing to the light and determining the characteristics of the perpetrator joined with a preventive criminological vision, and what we have already known about the victims will help to reduce the levels of sexual crimes and resulting physical and psychological consequences.

    Consequently, this project emerged from the necessity of looking for the individuals’ profiles that commit these kinds of crimes. These profiles are performed from the criminological point of view. This target was developed having into consideration the social demographical conditions based on the variables of age, sex, marital status, educational level and employment condition. A perspective longitudinal descriptive study was carried out. The work included all the individuals properly accused for committing a sexual crime from September, 2005 to September, 2006 in Havana City. Investigations in each case according to criteria and pre-established instrument as compiled data questionnaire, extensive interview, psychiatric expert test and family functioning test were carried out.

    Most of the sexual crimes perpetrators are twenty-five to forty-five year men, with middle and higher education, and living with a stable couple.

    Three fourth of individuals do not present properly criminal records or previous convictions .The perpetrators who had police records were not reoffenders in this kind of crime . Almost half of them are unemployed and live in a family functionless environment or significantly, functionless; all this is related to domestic victimization.

    Key words: perpetrator, violence, social dysfunction, sexual crime.

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