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Rev. Hosp. Psiquiátrico de la Habana 2013, 10(1)

 

Síntomas físicos y depresión en una muestra de adultos mayores cubanos / Physical symptoms and depression in a sample of Cuban elderly

M.Sc. Raquel Pérez Díaz, I Dr.C. Marta Martín Carbonell II y Dr.C. Antonio Riquelme Marín.III 

I Lic. Psicología. Máster en Gerontología. Profesora Asistente. Centro de Investigaciones sobre Longevidad, Envejecimiento y Salud (CITED). La Habana, Cuba.
II Licenciada en Psicología. Especialista en Psicología de la Salud. Doctora en Ciencias de la Salud. Profesora Auxiliar. Universidad de la Habana, Cuba.
III Doctor en Psicología. Profesor Titular. Facultad de Psicología de la Universidad de Murcia, España.

RESUMEN

Introducción: la depresión es un serio problema de salud, que en el adulto mayor puede ser atípica y acompañarse de enfermedades o quejas de síntomas físicos, por lo que es difícil de reconocer, diagnosticar y tratar.
Objetivo: evaluar si existen diferencias en el reporte de síntomas físicos entre ancianos con y sin depresión.
Métodos: estudio descriptivo en una muestra intencional de 120 ancianos cubanos (65 años y más), de los cuales el 57,5% había tenido un trastorno depresivo diagnosticado clínicamente y el resto no tenía depresión. Se aplicó el Inventario de Síntomas Depresivos y el CES-D, así como una entrevista. Para investigar las diferencias entre deprimidos y no deprimidos con respecto a  las puntuaciones de los ítems que valoran los síntomas físicos, se utilizó el análisis univariado de la varianza.
Resultados: no hubo diferencias  significativas en los promedios obtenidos en los diferentes ítems entre deprimidos y no deprimidos. Más de la cuarta parte de las personas respondieron que en las últimas dos semanas habían tenido síntomas físicos. Los síntomas que se reportaron con mayor frecuencia por deprimidos y no deprimidos fueron: disminución del apetito,  problemas con el sueño, fatiga y  haber sentido más molestias y dolores que lo habitual.
Conclusiones: la presente investigación destaca la necesidad de seguir revisando el valor que pueden tener las quejas de síntomas físicos en el diagnóstico de la depresión en el adulto mayor.

Palabras clave: depresión, síntomas físicos, diagnóstico, ancianos

ABSTRACT
Introduction:  the depression is a serious health problem that can be atypical on the elder patient. This disease can go along with illnesses or complaints of physical symptoms being difficult to recognize, diagnose and treat
Objective:  to assess if there are differences in the report of physical symptoms among older people with and without depression
Methods: descriptive study, on an intentional sample of 120 Cuban old men (65 years and more), of which 57.5 % have had a depressive dysfunction clinically diagnosed and a rest that have not suffered from depression. The Inventory of Depressive Symptoms for Riquelme et al., the CES-D test and a structured interview were applied.
 The Anova test was used to investigate the differences between the depressed patients and those who were not depressed based on the value of the items of physical symptoms.
 Results: there were no significant differences in the averages obtained at  the different items among depressed and non- depressed patients . More than 25 % of the people answered that through the last two weeks they have had physical symptoms. The symptoms more frequently reported  by depressed and non- depressed patients  were a decrease of appetite, sleep disorders , tiredness and they have felt more irritation and have had more pains than usual.    
Conclusions:  the present research highlights the necessity to keep on the review of the importance of the physical symptoms complaints can have on the diagnosis of the depression on the older people.   

Key words: depression, physical symptoms, diagnostic, elderly.

INTRODUCCIÓN

La depresión es un serio problema de salud que constituye, en los adultos mayores, un factor de riesgo de problemas médicos, para la conducta suicida, el deterioro cognitivo, y además, afecta el bienestar psicosocial. Tiene una alta prevalencia en la edad gerontológica, pero puede presentarse de forma atípica, en comorbilidad con enfermedades físicas y con frecuentes quejas somáticas,  por lo que es considerada una de las enfermedades más difíciles de reconocer, diagnosticar y tratar.1-7
Según el reporte del Anuario Estadístico de Salud del 2011, Cuba con una transición demográfica avanzada, tiene un índice de envejecimiento de 17,9 % para las  edades de 60 y más años, una  esperanza de vida al nacer de  77,9 años y una sobrevida femenina de 4.02 años, y  junto a otros países de América Latina, ejemplifica la tercera transición de salud con un incremento de enfermedades crónicas no transmisibles.8 Si bien en el Estudio de Centenarios de Cuba (2004-2008) la prevalencia de depresión reportada fue baja (el 81,4% del universo de personas de 100 y más años sin demencias no padecían de síntomas depresivos), el 13,9% tenía depresión leve y el 4,8% poseía una depresión establecida.9 En la investigación titulada ¨Salud, Bienestar y Envejecimiento ¨ realizada en el año 2000, en el que se entrevistaron 1 905 adultos mayores de todos los grupos etáreos de Ciudad de la Habana, el 23,6% de las mujeres y el 12,1% de los hombres presentaron síntomas depresivos. La prevalencia de enfermedades no transmisibles fue más frecuente en el sexo femenino y la existencia de comorbilidad fue un factor de riesgo para la aparición de discapacidad y depresión en los adultos mayores.10
El Grupo de Investigación en Demencias 10/66 detectó, en un estudio de prevalencia de la depresión en 3000 adultos mayores de 65 años en La Habana y Matanzas en muestras homogéneas y aleatorizadas, siguiendo los criterios del Manual de Estadística y Diagnóstico de los trastornos mentales de la Sociedad Psiquiátrica Americana en su cuarta revisión (DSM-IV-R), que un 1,5%  de los gerontes presentaron depresión mayor, siendo el doble para La Habana, hubo una alta presencia de antecedentes de depresión (32,2%), pero fue mucho menor la frecuencia de aquellos que fueron tratados por un médico (solamente el 13,5%), considerándose que una parte importante de la morbilidad depresiva es desconocida, se maneja en la propia comunidad, no accede a la atención médica y que la capacitación del equipo de atención primaria para reconocer y tratar oportunamente los casos de depresión, puede ser una de las actividades más importantes en la prevención de la misma en este escenario.11
Entre las dificultades para definir y diagnosticar la depresión en ancianos, se ha señalado la no existencia de claridad conceptual en relación con los criterios para el diagnóstico, no solo en este grupo etáreo, sino también en la población en general.2,4,6,11 Por otro lado, los sistemas clasificatorios vigentes no tienen en cuenta criterios particulares en torno a la depresión en los adultos mayores, y en especial para las edades más tardías, por lo que utilizan parámetros de referencias que provienen de una población media adulta, lo cual puede inducir a sesgos en la evaluación y el diagnóstico de la depresión en la población gerontológica,2 considerando, como parte del complejo síndrome depresivo, diversos síntomas físicos tales como:  trastornos del sueño, el apetito, la fatiga, entre otros. 12,13
Las frecuentes quejas somáticas de los ancianos pueden enmascarar la depresión,14-17 sin embargo, estas afirmaciones se han derivado de comparar básicamente, a los adultos mayores con poblaciones más jóvenes.2
Se ha encontrado una alta prevalencia de síntomas físicos asociados a la depresión4-6,11,12,14-17 y una relación causa-efecto entre las quejas físicas y la sintomatología depresiva para diversas enfermedades tales como: cardiovasculares, cerebrovasculares, diabetes y el dolor, considerando algunos autores que los síntomas físicos, especialmente el dolor, pueden constituir un factor desencadenante de depresión o ser un efecto de esta18 y viceversa, y que el malestar emocional es responsable de quejas físicas que pueden o no tener una causa orgánica comprobable. 4,14-17
Finalmente, el propio hecho de envejecer, como un proceso normal, con los cambios internos y externos que se presentan, pueden hacer que el  adulto mayor se sienta retraído, inseguro o con sentimientos de minusvalía, por lo que los mismos pueden predisponer a que se desencadene un cuadro depresivo.5,6
Ya en los años sesenta se puso de manifiesto la necesidad de estudiar la compleja relación existente entre condición física y alteración depresiva en los ancianos.19 Tres décadas más tarde Evans, Copeland y Dewey, en un formidable trabajo realizado a principios de la década de los noventa, muestran cómo los trastornos depresivos en ancianos pueden coexistir con la enfermedad física de diferentes formas, y que ambas condiciones deben encontrar tanto un diagnóstico como un tratamiento adecuado.20
Por ello, es propósito del presente trabajo valorar la relevancia de los síntomas físicos autoinformados para el diagnóstico de depresión en mayores. Para ello evaluaremos si existen diferencias en su reporte entre ancianos con una enfermedad depresiva diagnosticada por un clínico, y ancianos sin depresión.

MATERIALES Y MÉTODOS

Se realizó un estudio descriptivo en una muestra no probabilística (intencional) de 120 adultos mayores cubanos.
Se incluyeron a las personas con más de 65 años con capacidad y disposición para responder a los cuestionarios. Se excluyeron de los análisis a los casos que entraron en la muestra sin depresión que presentaron altas puntuaciones en el CES-D.
La muestra de adultos mayores procede de La Habana. Los casos de depresión fueron seleccionados de la consulta de Psicología del Centro de Investigaciones sobre Longevidad, Envejecimiento y Salud (CITED) y fueron diagnosticados  por una psicóloga que atiende a estos pacientes de manera habitual.
Las personas sin depresión se captaron de asociaciones de ancianos, centros de trabajo y estudio, y residentes del municipio Cerro. Fueron reclutados por alumnos especialmente entrenados para aplicar los instrumentos que se utilizan en esta investigación. Los encuestadores utilizaron  la técnica «bola de nieve », consistente en la ampliación progresiva de la muestra a partir de los contactos proporcionados por los participantes inicialmente seleccionados por los miembros del equipo de investigación, siguiendo un criterio de conveniencia.
El 57,5% tenía un trastorno depresivo diagnosticado clínicamente por un psicólogo o psiquiatra y de ellos, casi la mitad (42,5%) tuvieron  un diagnóstico de trastorno depresivo mayor, según los criterios establecidos por el DSM-IV-R.12
El promedio de edad fue de 71 años con una desviación típica de 5,9, con predominio del sexo femenino (67%).
El 42% de los participantes dijeron que tenían una relación de pareja  estable.
El nivel de escolaridad que predominó fue el medio (58%), y sólo el 4% tuvo un nivel escolar inferior al sexto grado aprobado. El 32% mantenía un vínculo laboral estable, el resto eran amas de casa (33%) o estaban jubilados. Más de la mitad de la muestra consideró su situación económica como regular (el 57,5%), solo una pequeña parte la evaluó como mala (9%)
El 86,7% de los participantes refirió padecer de alguna enfermedad.

Instrumentos
Para estudiar el reporte de los síntomas físicos se utilizó el Inventario de Síntomas Depresivos, que fue elaborado y validado en la Universidad de Murcia por Riquelme, Buendía y López21 del que  se ha obtenido información acerca de sus propiedades psicométricas para la población cubana.22
Comprende un total de 56 síntomas, expresados en 58 ítems en los que se recogen los criterios clínicos de los sistemas clasificatorios vigentes: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales en su cuarta revisión (DSM-IV-TR)12 y de la décima revisión de la Clasificación Internacional de las Enfermedades de la OMS (CIE- 10).13
En esta investigación se tomaron en cuenta solamente los ítems que valoran síntomas físicos relacionados con el apetito, peso, sueño, dolor y fatiga. Para ello, se utilizaron las siguientes preguntas:
i4. Ha aumentado su apetito
i5. Ha disminuido su apetito
i.53 Ha ido ganado peso sin proponérselo       
i.54 Ha perdido peso sin proponérselo
i.16   Ha dormido más horas de lo habitual
i 17Ha dormido menos horas de lo habitual
i. 18  Se ha despertado antes de lo habitual   
i.19  Le ha costado dormirse más de lo habitual
i.39 Ha tenido pesadillas, o su sueño ha sido intranquilo
I.38 Ha sentido más molestias o dolores de lo habitual
i. 15 Se ha encontrado más fatigado o se ha cansado más fácilmente de lo habitual
 La persona debe valorar  los síntomas  según su presencia durante  las dos últimas semanas,  con las opciones de respuesta Nunca (1), Casi Nunca (2), Con frecuencia (3), la mayor parte del tiempo (4).
La información relativa a las variables sociodemográficas (sexo, edad, nivel educativo, si tiene o no pareja estable, situación económica de la familia) así como la referencia de enfermedad se obtuvo a partir de una entrevista estructurada.
La Escala del Centro de Estudios Epidemiológicos de la Depresión (Center for Epidemiologic Studies-Depression Scale, CES-D) 23 fue utilizada para descartar de la muestra de no deprimidos, a aquellas personas que pudieran tener una sintomatología depresiva relevante.
La CES-D fue desarrollada para su uso en estudios epidemiológicos en población general. Se trata de un cuestionario de 20 ítems, con cuatro opciones de respuesta que indican la frecuencia y/o intensidad de la presentación de cada ítem.
Este instrumento se adecua especialmente a nuestro estudio, dado que fue diseñado para la valoración de sintomatología depresiva y han sido publicados trabajos sobre sus cualidades psicométricas en nuestra población.24,25

Procedimiento
Los datos provienen de un estudio más amplio que utiliza diferentes instrumentos integrados en un modelo único de entrevista estructurada la cual fue aplicada de forma individual por encuestadores especialmente entrenados para esta investigación. La información se recogió en el período comprendido entre el 2011 y el 2012.
A todas las personas se les explicó el objetivo de la investigación y se les solicitó su consentimiento de manera oral, garantizando el compromiso del equipo investigador de custodiar y respetar la privacidad y confidencialidad de la información aportada, así como dejando claro que les era posible abandonar el estudio en el momento que lo consideraran oportuno, sin necesidad de dar explicaciones y sin consecuencias de ningún tipo.
Para investigar si habían diferencias significativas en las puntuaciones obtenidas en los ítems entre deprimidos y no deprimidos se utilizó el análisis univariado de la varianza. También se examinó la frecuencia y porcentaje de aparición de los síntomas en los dos grupos de estudio.

RESULTADOS

Los resultados del análisis de varianza muestran que no hay diferencias significativas en los promedios obtenidos en los diferentes ítems entre los adultos mayores deprimidos y no deprimidos. (tabla 1)

Tabla 1. Diferencias de medias de deprimidos y no deprimidos según síntomas físicos reportados ANOVA de una vía.

 

Suma de
cuadrados

gl

Media
cuadrática

F

Significación

Aumento del apetito

Inter-grupos

0.010

1

0.010

0.010

0.919

Intra-grupos

116.356

118

0,986

 

 

Total

116.367

119

 

 

 

Disminución del apetito

Inter-grupos

0.838

1

0.838

0.581

0.448

Intra-grupos

167.441

116

1.443

 

 

Total

   168.280

117

 

 

 

Fatiga

Inter-grupos

0.094

1

0.094

0.085

0.771

Intra-grupos

129.083

117

1.103

 

 

Total

129,176

118

 

 

 

Hipersomnia

Inter-grupos

2.762

1

2.762

3.078

0.082

Intra-grupos

105.905

118

0.897

 

 

Total

108.667

119

 

 

 

Dormir menos horas

Inter-grupos

0.126

1

0.126

0.097

0.756

Intra-grupos

151.858

117

1.298

 

 

Total

151.983

118

 

 

 

Despertar prematuro

Inter-grupos

0.196

1

0.196

0.167

0.684

Intra-grupos

138.022

117

1.180

 

 

Total

138.218

118

 

 

 

Dificultad para conciliar el sueño

Inter-grupos

0.066

1

0.066

0.056

0.813

Intra-grupos

138.152

117

1.181

 

 

Total

138.218

118

 

 

 

Pesadillas

Inter-grupos

0.126

1

0.126

0.129

0.720

Intra-grupos

115.865

118

0.982

 

 

Total

115,992

119

 

 

 

Dolor

Inter-grupos

1.600

1

1.600

1.256

0.265

Intra-grupos

150.367

118

1.274

 

 

Total

151.967

119

 

 

 

Aumento de peso

Inter-grupos

0.050

1

0.050

0.049

0.824

Intra-grupos

117.374

116

1.012

 

 

Total

117.424

117

 

 

 

Disminución del peso

Inter-grupos

0.143

1

0.143

0.114

0.736

Intra-grupos

148.223

118

1.256

 

 

Total

148,367

119

 

 

 

 

La tabla 2 muestra la frecuencia de los diferentes síntomas físicos referidos por los ancianos deprimidos y no deprimidos. Nótese como más de la cuarta parte de las personas sin depresión respondieron que en las últimas dos semanas habían tenido frecuentemente o casi siempre: disminución del apetito (29 %), problemas con el sueño tales como: haber dormido menos de lo habitual (31 %), despertar antes de lo habitual (28 %) o les ha costado dormirse (30 %). Así mismo, casi la cuarta parte de los no deprimidos refieren que han sentido más molestias y dolores que lo habitual (24 %) o que han experimentado síntomas de fatiga más de lo común (29 %) y en menor cuantía señalaron otros síntomas físicos como: aumento del apetito, haber ganado de peso sin proponérselo, dormir más de lo habitual, tener pesadillas o tener un sueño intranquilo.


Tabla 2. Síntomas físicos reportados por ancianos deprimidos y no deprimidos.

 

Síntomas Físicos

 

NO DEPRIMIDOS

DEPRIMIDOS

 

Nunca

Casi
nunca

Frecuen-
temente

Casi
siempre

Nunca

Casi nunca

Frecuen-
temente

Casi
siempre

Cambios en el apetito

i4. Ha aumentado
su apetito

Cantidad de casos

40

15

7

7

29

12

6

4

% del grupo

33,1%

12,5%

5,8%

5,8%

24,2%

10,0%

5,0%

3,3%

i5. Ha disminuido
su apetito

Cantidad de casos

24

10

12

22

17

8

18

7

% del grupo

20,3%

8,5%

10,2%

18,6%

14,4%

6,8%

15,3%

5,9%

Cambios en el peso

i.53 Ha ido ganado peso sin proponérselo

Cantidad de casos

40

9

6

6

32

7

8

1

% del grupo

36,7%

8,3%

5,5%

5,5%

29,4%

6,4%

7,3%

0,9%

i.54 Ha perdido peso sin proponérselo

Cantidad de casos

31

11

17

10

21

7

17

6

% del grupo

25,8%

9,2%

14,2%

8,3%

17,5%

5,8%

14,2%

5,0%

Problemas con  el sueño

i.16   Ha dormido más horas de lo habitual

Cantidad de casos

44

14

10

1

28

11

4

8

% del grupo

36,7%

11,7%

8,3%

0,8%

23,3%

9,2%

3,3%

6,7%

i 17Ha dormido menos horas de lo habitual

Cantidad de casos

24

8

22

15

15

11

16

8

% del grupo

20,2%

6,7%

18,5%

12,6%

12,6%

9,2%

13,4%

6,7%

i. 18  Se ha despertado antes de lo habitual

Cantidad de casos

22

14

19

14

16

8

22

4

% del grupo

18,5%

11,8%

16,0%

11,8%

13,4%

6,7%

18,5%

3,4%

i.19  Le ha costado dormirse más de lo habitual
Cantidad de casos 24 9 24 12 13 16 14 7
% del grupo 20,2% 7,6% 20,2% 10,1% 10,9% 13,8% 11,8% 5,9%
i.39 Ha tenido pesadillas, o su sueño ha sido intranquilo
Cantidad de casos 34 14 17 4 26 14 6 5
Dolor

% del grupo

28,3% 11,7% 14,2% 3,3% 21,7% 11,7% 5,0% 4,2%
i.38 Ha sentido más molestias o dolores de lo habitual
Cantidad de casos 26 14 17 12 14 11 15 11

% del grupo

21,7% 11,7% 14,2% 10,10% 11,7% 9,2% 12,5% 9,2%
Fatiga
i. 15 Se ha encontrado más fatigado o se ha cansado más fácilmente de lo habitual
Cantidad de casos 22 12 22 13 12 14 20 4

 

% del grupo

18,5% 10,1% 18,5% 10,9% 10,1% 11,8% 16,8% 3,4%

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DISCUSIÓN

Los resultados encontrados en el presente trabajo apuntan a que la referencia de síntomas físicos no se asocia necesariamente a un diagnóstico de depresión, de hecho no se hallaron diferencias significativas en el reporte de los deprimidos y no deprimidos.
Es más, se ha encontrado una alta frecuencia de quejas con respecto al sueño, apetito, fatiga, dolor y peso corporal,  tanto entre los casos con un trastorno depresivo clínicamente diagnosticado,  como entre las personas sin depresión, por lo que es posible que el reporte de síntomas físicos pudiera explicarse por la particularidades del propio proceso de envejecimiento que matizan, en ocasiones, a esta etapa de la vida.26,27
Se plantea que una de las causas más frecuentes de visita al médico de los mayores son los cambios en el proceso del sueño, que son vivenciados e interpretados como indeseables.3 Numerosos estudios han demostrado cambios relacionados con la edad en la continuidad, duración y profundidad del sueño; estos cambios ocurren en individuos sanos y no están relacionados con enfermedad. El cambio principal es la disminución en la cantidad y duración del sueño de ondas delta durante la noche y el aumento en la frecuencia y duración de los despertares nocturnos, aunque existe mayor frecuencia en cambios de un estado del sueño a otro, lo que produce un sueño de menor calidad. El sueño es estructuralmente más liviano, así por ejemplo, las personas mayores fácilmente se despiertan por ruido a pesar de la reducción en la sensibilidad auditiva. También es frecuente que con la edad aumente la cantidad de siestas diurnas.28,29
También los cambios en el apetito pueden deberse al envejecimiento pues a lo largo del tubo digestivo, desde la boca hasta el recto, se producen una serie de cambios (como la pérdida progresiva de la piezas dentales, atrofia de las glándulas salivales, etc.) que contribuyen conjuntamente con la disminución del gusto debida a la disminución de los botones gustativos, a la disminución del apetito.28-30  
De hecho, el DSM-IV-R12 no es muy preciso en su descripción acerca de cuáles o de cómo los cambios de peso o apetito son indicadores de depresión. Textualmente plantea: “Normalmente, el apetito disminuye y muchos sujetos tienen que esforzarse por comer. Otros, especialmente en la consulta ambulatoria, pueden tener más apetito, con apetencia por ciertas comidas (por ejemplo: dulces u otros hidratos de carbono). Cuando las alteraciones del apetito son graves  (sea en la dirección que sea), puede haber una pérdida o ganancia significativa de peso o, en niños, se puede dar un fracaso en la consecución del peso apropiado (Criterio A3).” (p.327)
En la clínica, los especialistas tienen en cuenta una variabilidad de fuentes para identificar este indicador (la observación, la referencia de los familiares, el interrogatorio detallado) pero en las investigaciones epidemiológicas o comunitarias mediante encuestas se deberá ser cuidadoso en la manera de preguntar ya que la simple referencia de problemas de sueño o incremento o disminución del peso y/o el apetito, tal y como se hizo en el estudio, no parece tener valor diagnóstico.
El Consenso de la Sociedad Española de Psicogeriatría (SEPG) sobre la depresión  en el anciano señala que, cuando la depresión aparece en la adultez mayor por vez primera y se acompaña de estados de apatía, fatiga y síntomas depresivos menos productivos, los mismos se han visto asociados (a través de estudios de neuroimágenes), a cuadros neurodegenerativos, particularmente aquellos que implican la disrupción de circuitos frontosubcorticales con déficit en las funciones ejecutivas.6 Este grupo de expertos considera que existe una frecuente comorbilidad entre el dolor y la depresión en el adulto mayor, debido a la presencia de una disfunción compartida entre las vías nerviosas de transmisión del dolor y las de las zonas emocionales en ambos procesos.6
Sin embargo, los intervínculos entre dolor y depresión no están claros. Dada la insuficiencia de estudios longitudinales, hay debate con respecto a la relación temporal entre el debut de la depresión y el dolor, además de las relaciones causa-efecto.18 Se han propuesto tres hipótesis: a) la depresión es primaria con respecto al dolor (causa), b) la depresión es secundaria al dolor (consecuencia) y c) ambas aparecen simultáneamente. La primera hipótesis se sustenta en estudios de laboratorio que demuestran que los pacientes que tienen niveles altos de depresión incrementan la focalización de su atención en las sensaciones corporales y reportan mayores índices de dolor y malestar que aquellos no deprimidos. También se ha hallado que la inducción de estados de ánimo depresivos disminuye la tolerancia al dolor experimentalmente. La segunda hipótesis considera que la depresión es una reacción psicológica al dolor crónico, siendo explicada desde el modelo cognitivo-conductual, al considerarse que las distorsiones cognitivas son las que modulan la relación dolor-depresión. La tercera hipótesis se basa en el planteamiento de que ambos fenómenos son independientes, pero que en ellos intervienen una serie de procesos psicológicos y biológicos que son activados en respuesta a algunos estresores precipitantes tales como: la falta de habilidad para modular o expresar emociones intensas o inaceptables, en los pacientes con dolor crónico que manifiestan una fuerte convicción de enfermedad (a pesar de haber recibido explicaciones razonables acerca de la naturaleza de su trastorno y del tratamiento a seguir), así como desde el punto de vista biológico por determinados neurotransmisores y disfunciones en el sistema opioide.18
El frecuente infradiagnóstico de síntomas depresivos reportado por los médicos generales y, en particular, por los de atención primaria de salud en los adultos mayores, se encuentra presente en diversos estudios.2-6,11,17 En Cuba, el Grupo de Investigación en Demencias 10/66 plantea esta dificultad en población cubana11 y es consensuada la recomendación de no pasar  por alto la posibilidad  de una depresión como causa principal de quejas físicas en el anciano, sin embargo, se ha comenzado a llamar la atención acerca del  riesgo que conlleva un sobre diagnóstico de la misma. Un estudio meta-analítico dirigido a valorar la certeza de los diagnósticos realizados por los médicos de la atención primaria, concluye que hay más falsos positivos que casos perdidos o correctamente identificados.31 También se ha reportado que  los médicos generales tienden a usar más los síntomas que las categorías diagnósticas para identificar a las personas enfermas, entre otras variables tales como:  la existencia de antecedentes de depresión o trastornos psicológicos.32
De este modo las características biológicas, psicológicas y sociales asociadas al envejecimiento, pueden hacer que este grupo poblacional sea más vulnerable a los errores en el diagnóstico y manejo de los trastornos mentales. En este sentido, se hace necesario  con respecto a los síntomas físicos, de una especificación mejor que la que presenta los actuales criterios clasificatorios, en el orden de poder precisar entre lo normal y lo patológico.
Una fortaleza del presente estudio es que los pacientes deprimidos han  sido diagnosticados clínicamente  por un especialista en la atención a adultos mayores, no obstante una de sus limitaciones es que la referencia de síntomas físicos se ha obtenido a partir de datos tomados de un instrumento de pesquisaje. Se ha considerado que los estudios que utilizan instrumentos estandarizados de diagnóstico no son fácilmente comparables con la práctica clínica,31 por lo que sería oportuno replicar esta investigación pero a partir de entrevistas clínicas. A su vez, las muestras fueron seleccionadas por conveniencia y por ende, los resultados descritos podrían deberse a características específicas de las mismas, por lo que su alcance es reservado. Por último, se deberían explorar otros síntomas físicos que intervienen en los trastornos emocionales del anciano, los cuales no han sido investigados en el presente trabajo, y que podrían ser de valor para la identificación de la depresión clínica en los adultos mayores.
A pesar de las limitaciones antes señaladas, y que los datos deben ser asumidos con cautela, la presente investigación aboga por la necesidad de seguir revisando el valor que pueden tener las quejas de síntomas físicos en el diagnóstico de la depresión en la edad geriátrica en nuestro medio, con criterios clínicos más precisos y adecuados a las especificidades en el adulto mayor.

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Recibido: 10 de diciembre de 2012.
Aprobado: 10 de abril de 2013.

Raquel Pérez Díaz. Lic. Psicología. Máster en Gerontología. Centro de Investigaciones sobre Longevidad, Envejecimiento y Salud (CITED). La Habana, Cuba. Correo electrónico: raque@infomed.sld.cu

 

 

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