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Rev. Hosp. Psiquiátrico de La Habana 2004;1(2-3)

 

 

EL DIAGNÓSTICO Y LA PSICOTERAPIA

Reina C. Rodríguez Mesa 1

RESUMEN

El presente trabajo aborda los inconvenientes y limitaciones de atenerse solamente al diagnóstico para realizar un trabajo psicológico y psicoterapéutico, como demanda la especialidad y el paciente, pues el encasillar a una persona en un diagnóstico determinado con alta frecuencia, determina que se ignore que el ser humano es algo más que una clasificación, que por lo general, se impugnan predominantemente causas de orden biológico, razón por lo que quedan fuera de este trabajo especializado la compleja y multifacética gama de aspectos tales como, los históricos sociales, los familiares y los personales e individuales, que hacen del individuo un ser único e irrepetible con una subjetividad propia y que demanda y requiere de una dedicación muy particularizada.

En este trabajo se utilizaron como elementos fundamentales reflexiones de un trabajo del Dr. Ricardo Hernández, que trata sobre los puntos de convergencia entre el psicoanálisis, la psicoterapia y la psiquiatría comunitaria.

EL DIAGNÓSTICO Y LA PSICOTERAPIA

Quiero exponer algunas reflexiones con relación a mi experiencia personal en cuanto al valor del diagnóstico y la psicoterapia. Soy eminentemente una psiquiatra formada con un profesor, el Dr. René Yodú que en mi criterio y en el de muchos de sus colegas era reconocido por ser un psiquiatra que dominaba, con exactitud y precisión la clínica médica, neurológica y psiquiátrica, además de la psicofarmacología. Sin embargo muy a pesar de que siempre fue catalogado como un psiquiatra biologicista, tenía una formación muy completa en lo integral del sujeto, y en su dimensión psicológica y social, por lo que trataba a sus pacientes como el mejor psicoterapéuta o el mejor psicoanalista, lo que permitía una relación terapéutica única e irrepetible con cada uno de ellos, es por eso que jamás atendió a una persona como un caso o simplemente como una categoría diagnóstica.

Proviene desde aquí la importancia que le asigno a la persona que está en juego y a su historia más, que al diagnóstico que tiene, ya que saber si un paciente es portador de una u otra enfermedad, me permite solamente establecer algunos parámetros de tratamiento y pronóstico, pero jamás la amplia dimensión del sujeto enfermo con todo lo que de universal y de individual guarda en su subjetividad. No quiere decir por supuesto, que no diagnosticamos y mucho menos que atendemos a los pacientes sin saber la enfermedad que padecen. Refiriéndonos a los inconvenientes de ver al paciente sólo como si fuera una descripción exacta de una clasificación, sin tomarlo en cuenta como persona inmerso en múltiples interacciones personales, sociales y subjetivas.

He tomado de una ponencia del Dr. Ricardo Hernández, relacionada con los puntos convergentes que existen entre el psicoanálisis, la psicoterapia y la psiquiatría comunitaria algunos datos que me parecen muy interesantes.

En su exposición él señalaba: “...que la psiquiatría había comenzado a despertar, hacía unas décadas, en Europa, continente de los clásicos de ésta y del psicoanálisis. Y de ocuparse más de la particularidad del sujeto, y menos de las clasificaciones diagnósticas, tendía más ahora sobre todo en la psicosis a la aceptación por la comunidad del paciente, y por consiguiente a convertirlo cada vez menos en un robot con la administración de fármacos”.

Sin embargo, creo que está ocurriendo todo lo contrario, el desarrollo de las neurociencias y de la psicofarmacología de innegable valor para nuestra especialidad y para los pacientes, facilita por otra parte, que el Imperio de las transnacionales de los laboratorios ejerzan una influencia negativa en este aspecto, pues ya no son sólo los médicos los que pueden actuar profesionalmente diagnosticando con una u otra orientación, lo terrible es, que los pacientes son inducidos a creer, que sus problemas emocionales no son más que unos u otros neurotrasmisores en déficit o en exceso los que determinan sus dolencias y que por tanto, están esclavizados a tomar uno u otro medicamento, como puede ser el caso del diabético o el hipotiroideo, con la consecuente pérdida de la identidad del sujeto y poco a poco la desaparición de éste y de la especialidad, es así como ahora las clasificaciones casi parecen responder más que a unos u otros descubrimientos de las neurociencias, al surgimiento de uno u otros psicofármacos que al parecer de sus promotores son la panacea y el ideal para la cura de uno u otro mal.

Como señalaba Ricardo en su trabajo: “Cada paciente es un sujeto, ninguna categoría puede aprehenderlo en su totalidad”.

Existe con relación a esta ponencia y al tema que en cuestión trato, algo más para discrepar y es que si bien es cierto, el psicoanálisis y la psicoterapia tienen en común, que el sujeto acepte la existencia de la realidad psíquica. No estoy de acuerdo en que el asunto consiste en cómo operar sobre ella.

La psicoterapia y sobre todo las de corte dinámico si tienen en cuenta que el síntoma ha aparecido como un intento de solución preventiva al malestar, y no todas dirigen sus pasos a solucionarlo por la vía del síntoma. Sí estoy de acuerdo ,en que “el síntoma es relativo a la dependencia en la que se encuentra el sujeto con relación al lenguaje”, que es algo para no ser eliminado, sino para ser tramitado en la dirección de la cura según señala Ricardo, El síntoma “es el partenaire del sujeto”, según cita de él Lacan. Lo hace sufrir pero el Sujeto no tiene recursos contra éste.

Con relación a él destaca que la demanda del sujeto al analista es siempre de psicoterapia: Quiere curarse, conocerse, conocer el psicoanálisis, etc. Corresponde al analista el metamorfosear esta demanda para que se haga intransitiva, radical, vacía y pura, y le sea posible al sujeto, confrontarse con su propia castración. Esta misma función se ejerce en la psicoterapia aunque el final no sea el de la confrontación con la castración, sino con él, con su propia realidad y con la responsabilidad de asumirla y de saber qué hacer con ella.

Como en el psicoanálisis la psicoterapia implica una agudización de la angustia, y como decía Ricardo, el sujeto la utiliza para interrogarse acerca del sentido que sigue a la solución de su síntoma, y para constatar las leyes a las que está sometido y qué lo determinan a su modo de goce, que en mi manera de decir, sería la forma en que ha aprendido a vivir y a estar en este mundo.

Para el psicoanálisis como señala Ricardo en esta ponencia: “La angustia es el envés del síntoma” lo que no es aconsejable su remisión. La angustia no es otra cosa que una Señal enviada por el Yo, con el fin de indicar al Sujeto algo en relación con su deseo.

En la transferencia del psicoanálisis o en el encuentro terapéutico a nuestro decir, reside el poder de la cura y es su piedra angular. La orientación terapéutica dirigida exclusivamente con relación al diagnóstico sólo tiene un efecto sintomático y deja fuera al sujeto- objeto de la terapia. Independientemente de poseer un sistema nervioso central en cuya base se puedan encontrar muchas causas de su sufrimiento, el paciente es un individuo que en tanto miembro de una generación determinada, nacido en un contexto socio histórico y cultural específico y criado en una familia con peculiaridades propias, es, sigue y seguirá siendo un ser individual, único e irrepetible y como tal debe ser atendido y analizado.

RAZÓN POR LA CUAL PARA NOSOTROS EL DIAGNÓSTICO NO JUEGA NINGÚN PAPEL EN LA PSICOTERAPIA; SALVO EN EL SENTIDO DE CONOCER LA ESTRUCTURA QUE SOSTIENE EL TRASTORNO O AL SUJETO EN SÍ.

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1 Prof. Titular Consultante. Especialista 2do Grado

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