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Rev. Hosp. Psiquiátrico de la Habana 2004;1(2-3)

 

 

 

DOCTOR ALLAN ROSELL ANIDO (1923-1982)

Por: Dr. Jesús Dueñas Becerra Profesor-asesor y periodista Hospital Psiquiátrico de La Habana

“El médico se debe al dolor humano individual,

pero no puede ser ajeno a los dolores de su patria sin faltar a elevados principios éticos”.

Dr. Gustavo Aldereguía Lima.

Al doctor Allan Rosell Anido, profesor y director de la entonces Escuela de Psicología (la primera fundada en nuestro país después de la alborada revolucionaria), y luego, decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Las Villas en la década de los años 60 del extinto siglo XX, se debe la construcción del primer laboratorio cubano (conocido por profesores y alumnos como “cámara del silencio”), para el estudio de la Actividad Nerviosa Superior, y consecuentemente, la adopción de un enfoque materialista en la enseñanza de la Psicología en mi querida e inolvidable Alma Mater villareña. En ese contexto académico, conocí a quien con el discurrir del tiempo fuera mi maestro, jefe, compañero y amigo.

Si bien la carismática personalidad del doctor Rosell Anido no cabía en un molde conceptual o en una imagen, ya que su proyección ético-humanista y riqueza espiritual eran, sencillamente, inatrapables con palabras, me atrevería a afirmar que ejercía un gran influjo sobre quienes lo conocimos y tratamos, porque era un hombre libre, responsable, justo, y por ende, comprometido con la época sociohistórica que le tocó vivir: se rebeló contra la dictadura proyanqui de Fulgencio Batista e integró como médico, junto al Guerrillero Heroico, el Ejército Rebelde; respetuoso con los amigos y con los detractores de la posición científico-filosófica que asumió ante la vida; excelente profesor, que convencía con la elocuencia de su discurso académico; revolucionario consecuente, ajeno a todo tipo de dogmatismo o fanatismo que pudiera tergiversar la verdad científica o histórica.

Desde 1967 (fecha en que, por decisión propia, abandona la Universidad Central de Las Villas) hasta 1969, se desempeña como médico psiquiatra en el hospital militar central “Dr. Luis Díaz Soto”. En junio de ese mismo año, el doctor Edmundo Gutiérrez Agramonte, editor de la Revista del Hospital Psiquiátrico de La Habana hasta su jubilación en 1995, invita al eminente psiquiatra y profesor universitario a incorporarse al cuerpo médico de nuestra institución. Una vez aquí, el doctor Eduardo Bernabé Ordaz, conocedor de la relevante trayectoria científico-académica y revolucionaria del doctor Rosell Anido, lo nombra jefe del servicio “Gustavo López” y miembro del Consejo de Dirección y de la Comisión Editora de la Revista del Hospital Psiquiátrico de La Habana , donde publica sus reflexiones filosófico-epistemológicas acerca de las neurociencias, así como los resultados teórico-prácticos de su fructífera incursión en el campo de la terapéutica psiquiátrica.

Con apoyo en el hecho inobjetable de que el doctor Rosell Anido es el primer psiquiatra cubano en utilizar sistemáticamente el Carbonato de Litio en el tratamiento de las psicosis afectivas, el doctor Bernabé Ordaz le crea la Clínica del Litio; responsabilidad a la que se entrega en cuerpo y alma hasta que lo sorprende la muerte, que él percibía como “seguir viaje” . 1

Por otra parte, el doctor Rosell Anido, junto con los doctores Jesús Cornide Salvá Guillermo Franco Salazar y Rafael Pérez Martínez, reestructura la docencia médica postgraduada, e imparte cursos de Neurofisiología a médicos y psicólogos que laboran en nuestro hospital. También participa activamente en el complejo proceso de elaboración y redacción de las normas de tratamiento psiquiátrico, así como de los dos primeros glosarios cubanos (GC 1 y 2) a la Clasificación Internacional de Enfermedades Psiquiátricas.

En 1974, se produce mi reencuentro con el doctor Rosell Anido, quien le solicita al Director que me ubique en el servicio “Gustavo López”, que él jerarquiza. El doctor Bernabé Ordaz accede a dicha solicitud, y mi nuevo jefe me pide, con la gentileza y la caballerosidad que lo caracterizaran, que asista a las discusiones diagnósticas para que me familiarice in situ con la clínica psiquiátrica y psicológica. Por otro lado, me sugiere que, desde una perspectiva educativo-rehabilitatoria, reorganice la psicoterapia de grupo y la comunidad terapéutica en la sala “Valdés Anciano”. Ahora bien, mi orientación psicoanalítica, heredada de mis profesores universitarios, nunca constituyó impedimento alguno para que el doctor Rosell Anido apreciara mi trabajo, depositara en mi una confianza ilimitada y me distinguiera con su amistad hasta el final de sus días; maravilloso regalo de luz, que me ayudara, ¡y de qué manera!, a crecer desde los puntos de vista profesional, humano y espiritual.

El doctor Rosell Anido era un magnífico orador y un gran polemista. Todavía conservo en mi memoria aquellas discusiones doctrinales en que se enfrascaba con el profesor Carlos Acosta Nodal, otro experimentado comunicador social; discusiones que, además de insuflar “vida” a las sesiones científicas mensuales, mostraban sin ningún género de duda que la Psiquiatría como especialidad de las ciencias médicas se halla indisolublemente unida a varias disciplinas humanas: Psicología, Psicoanálisis, Filosofía, Pedagogía, Sociología y Economía.

Estoy completamente seguro de que los decisivos aportes del profesor Rosell Anido al desarrollo de la enseñanza de la ciencia psicológica caribeña, así como al desarrollo de la terapéutica psiquiátrica en la mayor de las Antillas, quedarán grabados con letras indelebles en la mente y en el espíritu de los más fieles discípulos, colegas y amigos de quien fuera un hombre excepcional. Y para perpetuar su memoria, la sala de Cirugía del Hospital Psiquiátrico de La Habana lleva el ilustre nombre de Allan Rosell Anido, porque como sentenciara el Apóstol “honrar, honra” . 2

 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

  1. Valdés R. Diccionario del pensamiento martiano. La Habana: Editorial Ciencias Sociales; 2002.p.393.

  2. Arteaga F. Frases geniales de José Martí. Las Tunas: Editorial Sanlope Publicigraf; 1994.p.10.

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