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Rev. Hosp. Psiquiátrico de la Habana 2004;1(2-3)

 

 

 

 

FACTORES DE RIESGO EN LA CONDUCTA SUICIDA Y LAS ESTRATEGIAS DE PREVENCIÓN

Ramón Prado Rodríguez 1

RESUMEN

Se revisó literatura científica internacional y nacional sobre grupos de riesgo en la conducta suicida y diferentes estrategias preventivas. La multicausalidad está presente en esta condición así como, la necesidad de un abordaje integrador en las estrategias de prevención de esta conducta con énfasis en el diagnóstico y tratamiento adecuado de la depresión. Se enfatiza la conveniencia de incluir en las estrategias de prevención la educación de salud mental en la comunidad, y el entrenamiento de los médicos de atención primaria en el diagnóstico y manejo de la depresión. Igualmente la necesidad de prestar especial atención a la asociación de la conducta suicida y las drogo dependencias. El tratamiento y seguimiento adecuado del trastorno mental ya identificado es una estrategia de valor en particular en deprimidos, esquizofrénicos y en alcohólicos. Se revisó el impacto de sitios de Internet que incentivan una conducta suicida y aspectos éticos del suicidio asistido.

Palabras clave: atención primaria, depresión, estrategias prevención, grupos de riesgo, suicidio.

INTRODUCCIÓN

El presente trabajo tiene como objetivo intentar una aproximación al importante tema del Suicidio y de los Intentos Suicidas. Se revisaron diferentes estudios, que en nuestro medio y en otras latitudes, han abordado esta temática desde los ángulos de la identificación de los grupos de riesgo y de los diferentes enfoques seguidos para la prevención de la conducta suicida. Se abordan cuestiones relacionadas con aspectos éticos en la conducta suicida incluyendo el suicidio asistido, de reciente debate internacional, y sitios de Internet que estimulan esta conducta.

El suicidio y las lesiones auto infligidas acordes a la Clasificación Internacional de Enfermedades (E950-E959), constituyen en nuestro país la 7ma causa de muerte desde 1970. En el año 1999 provocó un total de 2040 fallecidos.

Las tasas de suicidio alcanzaron su nivel más alto en la década de los años 80. En 1986 se elaboró el Programa Nacional para la Prevención y Atención de la Conducta Suicida el cual ha contribuido a la reducción de esta mortalidad.

El análisis de la tasa promedio de suicidios durante los tres últimos lustros muestra que se ha ido produciendo una reducción gradual de la misma. En el quinquenio de los años 1986-1990 fue de 22,2/100,000 habitantes, en el quinquenio 1991-1995 fue de 21/100,000 habitantes y en el período de 1996-1999 fue de 18,3/100,000 habitantes.

Las estrategias de prevención de la conducta suicida en nuestro medio han sido revisadas y adaptadas a las condiciones del país. Tienen entre sus objetivos específicos desarrollar acciones de promoción con el fin de fomentar actividades y estilos de vida saludables, la identificación de los grupos de riesgo, lograr la atención más adecuada en el Sistema Nacional de Salud y la asistencia dispensarizada de todos aquellos que han realizado un intento suicida. Asimismo, se realiza el estudio de todos los fallecidos por suicidio, se conducen diferentes investigaciones, mientras que paralelamente se desarrollan actividades de formación y superación de las personas que participan del Programa Nacional de Prevención del Suicidio.

Las estrategias actuales propugnan la adecuación del programa a un enfoque más comunitario con énfasis en la prevención buscando lograr la reducción de las vulnerabilidades en las personas, la disminución de los factores de riesgo, a través de una mayor intervención del equipo de trabajo para la salud mental comunitaria y de los equipos de salud de la atención primaria. Como parte de la reestructuración de los programas de salud mental se ha ido a la creación y desarrollo de Centros de Salud Mental Comunitarios.

La conducta suicida es expresión de una multicausalidad de situaciones y condiciones donde pueden estar presentes factores biológicos, psicológicos, sociales, genéticos y culturales. El estudio de Statham1 basado en un registro de 3 000 gemelos permitió comparar la presencia de la ideación suicida y de intentos suicidas en gemelos monocigóticos y dicigóticos. Los gemelos monocigóticos comparten el mismo material genético y se halló que aproximadamente un 45% de las diferencias entre estos dos grupos de gemelos tienen una probable causa genética. Es probable la existencia de una cierta vulnerabilidad a la ideación suicida y a la conducta suicida lo que no resta importancia a la alta significación de factores medio ambientales en la conducta suicida.

En un interesante trabajo de Goldney2 dirigido a determinar el riesgo atribuible a la ideación suicida en la depresión y en los eventos psicosociales y traumáticos en una muestra representativa y aleatoria, en Australia, halló que el 5,6 % de los hombres y el 5,3 % de las mujeres tenían ideación suicida. La aplicación de la técnica de análisis multivariado demostró que la depresión clínica estaba asociada a la ideación suicida con un 46,9 % de riesgo atribuible y los eventos traumáticos con un 38,0 % de este riesgo. Estos resultados confirman la significación de los eventos traumáticos pero más aún, la importancia de la depresión clínica, la cual con un adecuado tratamiento puede reducir los trastornos del humor y las ideas suicidas que pueden estar asociadas.

El riesgo atribuible en la población brinda una medida de la proporción de enfermedad que puede ser asociada con la exposición a un factor de riesgo, o la proporción de esa enfermedad que puede ser eliminada en el grupo de factor de riesgo expuesto si la incidencia de la enfermedad fuera reducida al nivel del factor de riesgo no expuesto.

La depresión es un importante problema de salud que afecta a las personas y tiene una considerable significación emocional, laboral, económica y social. Diversos estudios señalan que la prevalencia de cuadros depresivos mayores es de un 5 % en la población y que otro 5 % puede presentar otros cuadros depresivos.3-6 Es conocido que la depresión suele no ser reconocida y por ende no recibir el tratamiento apropiado.

El estudio de Paykel7 halló que un grupo de médicos generales sólo diagnosticó el 50 % de los pacientes que presentaban depresión. Otros estudios8,9 coinciden en las dificultades halladas para el diagnóstico y tratamiento adecuado de la depresión por parte de los médicos ubicados en la atención primaria.

Este problema se agrava por el hecho de que las actitudes de la comunidad pueden hacer difícil la búsqueda del tratamiento apropiado. En la comunidad puede haber un desconocimiento importante de los síntomas de la depresión y un conocimiento limitado de la efectividad y disponibilidad de tratamientos adecuados.

Diversos autores10,11 han enfatizado la necesidad de incrementar en la comunidad, y en particular en los individuos deprimidos, el conocimiento de los síntomas y signos de la enfermedad. Variados programas educacionales han sido confeccionados buscando por diversas vías informar a la población de los síntomas y signos más comunes y de la necesidad de buscar la atención médica oportuna. Se ha acuñado el término de Salud Mental Educada como el conocimiento y expectativas sobre los trastornos mentales que contribuyen a su reconocimiento, atención y prevención.

El estudio de Cheng12 realizado en Taiwán examinó de forma individual y combinada factores de riesgo de carácter psiquiátrico y de carácter psicosocial. Este trabajo consistió en la realización de un estudio epidemiológico retrospectivo de tipo caso-control, de 113 suicidios consecutivos y de 226 controles vivos, que fueron pareados por edad, sexo y área de residencia. Se halló que los eventos vitales de pérdidas, los antecedentes de conductas suicidas en familiares de primer grado, la presencia de un episodio depresivo mayor (CIE-10), personalidades inestables y la dependencia de sustancias tóxicas estaban asociadas de forma independiente al riesgo suicida. La efectiva intervención y atención de la población con estas características puede ser una estrategia válida para la prevención de la conducta suicida.

Entre las estrategias de prevención de la conducta suicida se ha puesto especial énfasis en la atención primaria. Haste13 realizó un estudio epidemiológico de tipo caso control de suicidios consumados obtenidos de registros médicos disponibles en una base de datos computarizados de pacientes vistos en la atención primaria de salud. Se estudiaron por cada uno de los 339 suicidios consumados 3 controles de la misma edad y sexo.

Se halló que las mujeres suicidas en comparación con los hombres, tenían una proporción mayor de diagnósticos de enfermedad mental, de tratamientos en los 12 meses previos al hecho consumado y una proporción mayor de ellas tenían antecedentes de intentos suicidas previos. Entre los factores de riesgo se encontró tener un intento suicida previo, la presencia de una enfermedad mental no tratada, un evento vital de pareja en los últimos 12 meses, abuso de alcohol, antecedentes de enfermedad mental y un frecuente uso de servicios de atención primaria. Este estudio apreció que las mujeres con riesgo de suicidio tienen mayor probabilidad de haber sido diagnosticadas y tratadas por enfermedades mentales y que es más probable que en la atención primaria se dejen de diagnosticar y tratar hombres con riesgo de suicidio.

En las estrategias de prevención de la conducta suicida en diversos países se encuentra el entrenamiento de los médicos ubicados en la atención primaria para capacitarlos en el reconocimiento del stress psicológico y de la ideación suicida. El trabajo de Pfaff,14 centrado en la evaluación de un grupo de médicos generales, que recibió días de entrenamiento para desarrollar habilidades en el reconocimiento, determinación y manejo de pacientes adolescentes con riesgo de suicidio demuestra que se logró aumentar las capacidades de detección del distress psicológico y de la ideación suicida por los médicos pero, que aún con este mayor reconocimiento, ello no conllevó cambios en el manejo de estos pacientes.

En Finlandia, hay establecido un proyecto nacional para la prevención del suicidio. Upanne15 estudió cómo se percibe la prevención por los psicólogos, quienes mayoritariamente son los que implementan el programa en centros de salud mental para la atención ambulatoria. Se halló que en estos momentos enfatizan más el enfoque curativo y el valor de los factores de riesgo de carácter individual comparado con estrategias generales de prevención diseñadas al inicio de su programa en 1992. La experiencia acumulada los inclina a asignar la mayor prioridad a la fase aguda del riesgo suicida como objetivo principal de la estrategia de prevención. Los resultados también avalan las causas multifactoriales y el desarrollo de estrategias de promoción hacia factores protectivos, que forman parte del paradigma preventivo.

Ha habido un amplio debate en relación a si los intentos suicidas y los suicidios consumados representan no sólo diferentes eventos, sino también, que provienen de grupos de personas diferentes aunque en algunos casos se entrecruzan.16 Estudios realizados en la década de los años 60 sobre intentos suicidas reportan que un 2 % de los individuos con intentos, posteriormente harían un suicidio consumado. Por otra parte, se asume que por cada hecho consumado puede haber hasta más de 20 intentos. Esta proporción puede resultar mucho mayor tomando en cuenta las dificultades en el reporte de intentos suicidas.

La persona que realiza un intento suicida requiere de una evaluación cuidadosa. Es importante determinar la seriedad de la intención pero debe analizarse a partir de la propia significación que esta acción tiene para el paciente en cuestión. Pudiera parecer que un intento suicida, que fue realizado mediante la ingestión de 15-20 tabletas de un psicofármaco, no tenía el propósito de consumar el hecho pero esta valoración puede ser errónea. Es imprescindible evaluar la significación de esta conducta en toda persona que realiza un intento, además de proporcionar todo el cuidado y atención requerida.

Diversos estudios sobre la conducta suicida han prestado atención a la importancia del funcionamiento familiar, al estado de salud de la familia y de sus miembros. El suicidio y los intentos suicidas son considerados eventos vitales que repercuten en el sistema familiar y en su funcionamiento por lo que son considerados como una crisis familiar por desorganización.17 Las crisis familiares más frecuentes son por desorganización y por desmoralización y estas comparten el mayor riesgo por el deterioro de las relaciones familiares.

Se estudiaron por Herrera,18 23 personas con antecedentes de intentos suicidas y sus familias, en un área de salud, para conocer las características del funcionamiento familiar y de los eventos vitales que experimentaban. Se determinó que el 82,6 % de las familias tenía un funcionamiento familiar evaluado de regular o malo, que en el total de la muestra se hallaron crisis familiares no transitorias siendo más frecuentes las crisis por desorganización y desmoralización. Se consideró el deterioro de las relaciones familiares como un factor de riesgo importante.

Entre los estudios revisados se encuentran los de intentos suicidas en ancianos. El trabajo de Guibert19 en un área de salud urbana estudió intentos suicidas en mayores de 60 años en el quinquenio 1993-1997. Predominó el intento suicida en el sexo femenino, en las edades comprendidas entre los 60-64 años, en la raza blanca, con escolaridad de estudios primarios, sin pareja estable, pensionados y con ingresos económicos bajos, con conflictos familiares y enfermedades físicas invalidantes y depresión.

La relación del suicidio y de los intentos suicidas con diferentes trastornos mentales ha sido bien documentada y ampliamente tratada en la literatura nacional e internacional. En uno de ellos20 se señala que los enfermos con depresión, los alcohólicos crónicos y los esquizofrénicos están asociados a un mayor riesgo de suicidio.

En un interesante estudio epidemiológico retrospectivo de tipo caso control se estudiaron 302 intentos suicidas serios consecutivos y 1028 controles.21 Se comparó la presencia de trastornos mentales asociados, en ambos grupos. Entre los que realizaron un intento suicida serio, un 90.1% tenía algún trastorno mental al momento de realizar el intento. Se halló una alta proporción de trastornos afectivos, de abuso de sustancias, de trastorno de conducta o trastorno de personalidad antisocial y de psicosis no afectivas en el grupo de intentos suicidas. El riesgo de suicidio asociado a la comorbilidad de trastornos psiquiátricos es alto. La probabilidad de un intento suicida serio en individuos con dos o más trastornos fue de 89,7 veces de la probabilidad de aquellos sin trastornos.

Beautrais et al.21 coincide con otros investigadores que señalan que en las estrategias de prevención del suicidio se debe enfatizar el reconocimiento y la adecuada atención de los individuos con trastornos psiquiátricos. Son válidas las estrategias de prevención que propugnan una mayor organización y estructuración de la atención en salud mental, la identificación óptima y el tratamiento de las enfermedades psiquiátricas así como , el entrenamiento adecuado de los proveedores de atención en salud mental. Diversos estudios son coincidentes en cuanto a que para la reducción del número de intentos suicidas se hace necesario reducir la sicopatología presente en la población y de mejorar la atención de los pacientes con trastornos mentales.

El suicidio es la principal causa de muerte prematura en individuos con Esquizofrenia. Se calcula que un 10 % de los esquizofrénicos mueren por suicidio.22-24 Los factores de riesgo para el suicidio en la Esquizofrenia incluyen ser joven, de sexo masculino, estar en los primeros años de la enfermedad y con historia de intentos suicidas previo.

El riesgo de morir por suicidio en las Psicosis se incrementa y, en particular, cuando se asocia a la depresión.25,26 El estudio realizado a través de las autopsias psicológicas, desarrollado en Finlandia en 92 esquizofrénicos (DSM-3-R) fallecidos por suicidio en un año, halló que la edad promedio fue de 40 años, un 26 % fueron mujeres y que la enfermedad duró como promedio 15,5 años desde la primera atención psiquiátrica hasta el fallecimiento por suicidio.27 El número de ingresos hospitalarios promedio fue de 7,9 en los casos estudiados y la proporción de ingresos fue mayor en las mujeres esquizofrénicas. En una décima parte de los fallecidos se reportaron alucinaciones conminatorias de muerte. El método suicida más frecuentemente usado fue la ingestión de psicofármacos. En el 78 % de los casos el suicidio ocurrió en un periodo activo de la enfermedad y, en un 64 % se halló que los síntomas depresivos estaban significativamente presentes previo al suicidio así como, que el 71,1 % tenía historia de intentos suicidas previo.

Los estudios sobre el suicidio han abordado diferentes aspectos filosóficos. En la obra de Camus28 se expresa que el problema filosófico más serio es el suicidio. Juzgar si vale la pena vivir o no significa responder a una principal cuestión filosófica.

En su obra Chiles29 señala que la conducta suicida es un método aprendido de resolver problemas. Se asume que toda persona puede presentar riesgo suicida si enfrenta una situación emocional dolorosa y percibe que esta es intolerable, interminable y de la cual no puede escapar. Esto plantea en las estrategias de intervención la conveniencia de lograr en el paciente el reconocimiento de su ambivalencia y de buscar opciones para la solución alternativa de problemas.

Los autores plantean 5 principios para lograr una intervención exitosa. Se asume que la conducta suicida busca solucionar un problema, que el enfoque terapéutico debe ser franco y no impositivo, que la mayor parte de los intentos no son letales y que ninguna forma de intervención puede prevenir determinados suicidios, que las crisis de suicidio por lo general suelen ser de corta duración y que el objetivo de la intervención debe ser ayudar al paciente a solucionar su problema existencial de una forma no letal.

Se ha estudiado la ocurrencia del suicidio en estudiantes de Medicina. En la revisión realizada por Hayes30 en el periodo de 1989-1994 en 101 Escuelas de Medicina en los Estados Unidos describe un estudio realizado anteriormente en los años 80 en estudiantes hombres de esta carrera en el que se halló que la tasa de suicidio en estudiantes fue de 15,6/100,000 muy semejante a la de su propio grupo de edad en la población general. Las estudiantes mujeres tuvieron una tasa semejante a los estudiantes hombres pero fue 3 veces superior a la de su grupo de edad en la población. Estos estudios adolecen de problemas en el reconocimiento del suicidio y dependen de la información suministrada por las autoridades universitarias que deciden participar.

Se ha enfatizado en la necesidad de que en las Escuelas de Medicina haya un efectivo sistema de apoyo y consejería a los estudiantes. Hay que prestar atención al desarrollo emocional del futuro galeno así como, al desarrollo de sus habilidades. El suicidio y las vulnerabilidades al stress no deben dejarse sólo al personal especializado sino deben formar parte del sistema de apoyo y guía requerido para los estudiantes en formación.

En estudios epidemiológicos realizados por Weissman31 se ha sugerido que los adultos con una historia de trastornos de pánico pueden tener un riesgo mayor de intentos suicidas. Se ha señalado que los ataques de pánico y el trastorno de pánico comparado con otros trastornos psiquiátricos están asociados con un incremento en el riesgo de la ideación suicida y de intento suicida. Comparado con los sujetos que no tienen trastornos psiquiátricos los que padecen de trastornos de pánico tienen entre 17-18 veces más posibilidad de reportar un intento suicida.

Pilowsky32 estudió la asociación de ataques de pánicos e intentos suicidas en una muestra comunitaria de adolescentes entre 13-14 años de edad. Se estudiaron a 1580 estudiantes ubicados en un sistema público urbano de educación. Se aplicaron métodos de regresión logística para estimar las asociaciones entre los ataques de pánico y la ideación suicida y los intentos suicidas. Se halló que los adolescentes con ataques de pánico tenían 3 veces mas posibilidad de haber expresado la ideación suicida y unas 2 veces más probabilidad de realizar un intento suicida que aquellos adolescentes sin ataques de pánico.

Un tema de mucho interés lo constituye la relación de embarazo y riesgo de suicidio. El puerperio ha estado asociado con un alto riesgo de depresión y de psicosis. La mujer embarazada experimenta, en relación a la mujer no embarazada y en edad fértil, una mayor proporción de depresión, ansiedad, trastornos psicosomáticos y un menor nivel de ajuste social.33 Por otra parte, está bien documentado a través de estudios de certificados de defunción que muy raramente una mujer embarazada se suicida.34

Marzuk35 estudió las mujeres que cometieron suicidio en el periodo de 1990-1993 en la ciudad de Nueva York. Halló que la proporción de mortalidad por suicidio en mujeres embarazadas fue un tercio menor del esperado para este grupo de edad. Concluyó que a pesar de las variaciones del humor y del stress, asociado con el embarazo y el nacimiento esperado, la mujer embarazada tiene un riesgo menor que la que no lo está.

Estas interesantes observaciones se acompañan de reportes que señalan que la mujer embarazada tiene niveles más altos de excreción urinaria de serotonina y de sus metabolitos al final de la gestación comparadas con mujeres no embarazadas, así como, presenta niveles más altos de serotonina en sangre durante el embarazo. No obstante estas observaciones debe siempre valorarse cuidadosamente la mujer embarazada con depresión y con manifestaciones asociadas que puedan conllevar un riesgo suicida.

Hay un interesante estudio desarrollado por Tanskanen36 relacionado con niveles alto de colesterol y el riesgo de suicidio. Se halló que la concentración sérica de colesterol estaba relacionada con el riesgo de suicidios violentos. La proporción de suicidios violentos/no violentos se incrementaba linealmente con el incremento del nivel de colesterol. Este fue el primer estudio en correlacionar la relación directa entre altos niveles de concentración de colesterol y el incremento del riesgo de un suicidio violento.

Se plantea que los sujetos con niveles séricos altos de colesterol o con niveles bajos de lipoproteínas de alta densidad tienen niveles bajos de ácidos grasos no saturados y una depleción de omega-3 ácidos grasos no saturados está relacionada con la depresión.37

Se ha planteado que el incremento de la depresión en el mundo occidental puede estar influido por el tipo de dieta con una mayor proporción de ácidos grados saturados y una disminución de la ingesta de ácidos grasos no saturados.38

La literatura científica ha abordado los factores de riesgo asociados al intento suicida en niños y adolescentes con fines de delimitar mejor los grupos de riesgo con propósitos preventivos y terapéuticos. En Chile, se estudió por Larraguibel et al.39 esta situación y hallaron que desde la década de los 50 se ha venido incrementando el suicidio en el grupo de 15-19 años de edad en este país. Es común también el reporte en muchos países que el suicido antes de los 15 años es un fenómeno poco común y que los que intentan con posterioridad tienen algún tipo de sicopatología.

Se señala que las adversidades familiares contribuyen al aumento del riesgo de suicidio como son la ausencia de calidez familiar, la falta de comunicación con los padres y la discordia familiar. La evaluación del funcionamiento familiar y el desarrollo de tratamientos efectivos en gente joven con morbilidad psiquiátrica pueden ser útiles en la reducción de la conducta suicida.

La literatura actual trata también sobre aspectos relacionado con un número creciente de sitios en Internet que pueden estimular la conducta suicida.40-42 Se considera que hay más de 100,000 sitios que tocan aspectos diversos de la conducta suicida en la red de redes. Algunos de estos sitios pueden incluir notas de suicidas, copias de certificados de defunción, fotografías, así como, boletines electrónicos donde se incluyen intenciones de suicidio de personas y se recomienda el no uso de asistencia psiquiátrica.

Particular riesgo pueden presentarlo aquellos en el grupo con alta tasa de suicidio comprendido entre las edades de 15 a 24 años, con poco apoyo en su grupo social y con conductas impulsivas, abuso de sustancias y depresión. Hay sitios que incluyen asistencia telefónica para acceder a diferentes técnicas suicidas y la posibilidad de dejar un mensaje grabado final.

El “suicidio asistido por el médico” ha sido debatido en la literatura internacional43,44 . En algunos países existen legislaciones que permiten el suicidio asistido por el médico, que requieren de una evaluación psiquiátrica previa de la persona, con la aspiración de proteger al paciente de él mismo. Estos casos tratan de cubrir mayormente a aquellas personas aquejadas de graves e irreversibles enfermedades en estadios finales que optan por decidir terminar con sus vidas.

Esta cuestión plantea un dilema ético en la profesión de incuestionable importancia al asumir que el médico actuará siempre a favor del interés del paciente. Por otra parte, se ha señalado que el médico no está exento de sentimientos de transferencia contrarios en pacientes terminales.

La cuestión plantea un dilema moral no basado sólo en la competencia del médico para evaluar al paciente con esta solicitud, sino que incluye el marco profesional en que se desenvuelve la relación médico paciente. Esta debe basarse en la capacidad del médico de examinar estos sentimientos del paciente de forma profesional pero no contribuyendo a su muerte.

CONCLUSIONES

La aplicación en Cuba de una estrategia de prevención de la conducta suicida desde mediados de los años 80 ha influido en la reducción de la tasa de mortalidad. Hoy se dispone de un abordaje más integral con mayor énfasis en el seguimiento adecuado del intento suicida y un enfoque comunitario preventivo de incuestionable valor. Por otra parte estudios recientes en muchos países apuntan a la necesidad de un diagnóstico precoz y oportuno, y de un tratamiento adecuado a las personas con depresión, las cuales constituyen mayoritariamente un importante grupo de riesgo. El abordaje adecuado de la depresión nos acerca a un amplio sector de la atención médica primaria donde acuden por primera vez estos pacientes. Es recomendable priorizar el entrenamiento de los médicos generales en el diagnóstico y tratamiento de esta condición por su importancia en la prevención de la conducta suicida. La educación de la propia comunidad en la percepción de las manifestaciones de la depresión puede contribuir también al mejoramiento de la calidad de vida de muchas personas al poder ser atendidas en etapas iniciales del trastorno y prevenirse cursos clínicos de riesgo que puedan derivar en una conducta suicida. La inclusión del suicidio asistido y de la utilización de Internet como vía para acceder a información que puede incentivar la conducta suicida la consideramos de utilidad para la información general de todos aquellos que de una forma u otra participan en la prevención y tratamiento de la conducta suicida.

RISK FACTORS AND PREVENTIVE STRATEGIES IN SUICIDE

SUMMARY

A review of the scientific literature about risk factors and preventive strategies in Suicide is made. Multicausality is present as well as the need of an integral preventive strategy with emphasis on the diagnosis and adequate treatment for depression. It is advocated a higher Mental Health Education in the community as well as an adequate training of primary health care physicians on the diagnosis and treatment for depression. It is highlighted the relationship of suicide and drug dependence. The adequate treatment and tracking of the already known mental disorder is particularly a valuable strategy among patients fearing from depression, schizophrenia and alcoholism. The impact of Internet sites that promotes a suicide encourages behaviour and ethical aspects of attending suicide is reviewed.

Key words: depression, preventive strategies, primary care, risk factors, suicide

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1 Especialista 2do Grado. Profesor Auxiliar. Master en Salud Pública. Facultad Calixto García. Universidad Médica de la Habana.

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