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Rev. Hosp. Psiquiátrico de la Habana 2005;2(2)

CARTA AL EDITOR

Profesor Dr. Idilio González Martínez

Editor

Revista del Hospital Psiquiátrico de La Habana.

Estimado profesor:

Luego de un saludo fraternal ocupo su valioso tiempo para transmitirle nuestra total coincidencia con la reciente comunicación de la OMS-OPS en el sentido de resaltar que la atención integral del alcoholismo debe tomar en cuenta no solamente los casos de abuso y dependencia etílica reconocidos –con diferentes denominaciones– como las dos modalidades clínicas incluidas en la CIE-10 y DSM-IV, sino también la categoría de bebedores de riesgo, aceptada en nuestro Glosario Cubano III de la 10ma revisión de la Clasificación de Enfermedades en su capítulo V, pese a no haberse considerado en la versión final cuando apareció en el borrador de discusión.

En nuestro criterio el pronunciamiento de las más trascendentes organizaciones de Salud a nivel mundial y regional acerca de la relevancia epidemiológica de las conductas “bajo influencia etílica” UEI (Under ethanol influence) o “bajo influencia alcohólica” UAI (Under alcohol influence) resulta extraordinariamente importante ya que consideramos que dicho estado frecuentemente presentado en sujetos no alcohólicos supera con mucho, debido a su alta ocurrencia, la significación social y humana de la propia enfermedad en sus formas clínicas convencionales, como determinante de comportamientos ética y jurídicamente reprobables cuyos ejemplos más relevantes son la violencia doméstica y social, las violaciones, el incesto y los accidentes de tránsito y laborales.

Pienso que aunque dicha concepción amplia del espectro clínico-epidemiológico del bebedor problema ha sido enfatizada a partir de los señalamientos de Edwards décadas atrás, todavía algunos profesionales y técnicos de a salud –y no excepcionalmente algunos especializados en la atención a adictos– tienden a subvalorar el estado de embriaguez alcohólica, sumándose al elevado por ciento de la población general en la mayor parte del mundo, que asume una actitud de tolerancia incondicional ante el consumo etílico, lo que implica que no solamente se acepta el consumo responsable del tóxico como exige la tolerancia condicional sino también los estados de embriaguez, con lo que olvidan el alto grado de peligrosidad social implícito en los comportamientos instintivo-afectivos, muy distantes cuantitativa y cualitativamente de las conductas cognitivo-volitivas que por nuestra condición de seres dotados de conciencia, nos diferencian de los animales inferiores.

Aunque nuestro programa nacional de atención al alcoholismo propugna el desarrollo de actitudes comunitarias de tolerancia condicional, pienso que es imprescindible que todos participemos en la persecución de esos objetivos y también que recordemos que el uso irresponsable de alcohol determina –a nivel mundial– tantas tragedias humanas como la suma de las determinadas por el resto de las drogas capaces de modificar la conducta.

Con la reiteración de mi alta consideración

 

Dr. Ricardo González Menéndez

Jefe del Servicio de Toxicomanías

Hospital Psiquiátrico de La Habana.

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