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Rev. Hosp. Psiquiátrico de la Habana 2006;3(2)

SEMBLANZA

HASTA PRONTO… DOCTOR EDUARDO BERNABÉ ORDAZ (1921-2006)

Jesús Dueñas Becerra 1

 

(…) No mueren los que a la ciencia

y a la patria hicieron bien” .

José Martí.

 

Los (sus) trabajadores del Hospital Psiquiátrico de La Habana , la psiquiatría cubana y la comunidad científica internacional han sufrido una pérdida irreparable: el doctor Eduardo Bernabé Ordaz, director fundador de nuestra institución, dejó de existir el 21 de mayo del 2006, en el Centro de Investigaciones Médico-Quirúrgicas, como consecuencia de una afección renal, que privó de la vida a uno de los grandes artífices del humanismo revolucionario y cristiano en la mayor de las Antillas.

La labor científica y humana realizada por el también Profesor Emérito de la Universidad Médica de La Habana en el tristemente célebre Hospital de Dementes de Cuba está inscrita, con letras indelebles, no sólo en los anales de la psiquiatría caribeña e iberoamericana, sino también en la memoria poética de la humanidad discapacitada, a cuya atención y rehabilitación psicosocial el Héroe del Trabajo de la República de Cuba se consagró en cuerpo, mente y alma durante más de cuarenta y cuatro años de su fecunda vida…, porque comprendió, con meridiana claridad, que la misión que debía cumplir en la tierra era convertir aquel “Infierno de Dante”, calificado así por el presidente Fidel Castro Ruz, en el floreciente Jardín de la Esperanza que hoy es, y que él cultivó con amor y ciencia. Esas cuatro décadas de incondicional entrega a una causa noble y justa fueron el mejor aval para que manos amigas presentaran su candidatura al Premio Nobel de la Paz y al Premio Nobel de Medicina, respectivamente.

En este contexto, NO haré el panegírico del doctor Bernabé Ordaz…, sólo me referiré, en voz apenas audible, a algunas facetas de su carismática personalidad que explican cómo el comandante-médico del Ejército Rebelde percibió que la ética, el humanismo y la espiritualidad son fieles aliados de la práctica médica, y con base en esos tres pilares fundamentales edificó la obra que “(…) lo trasciende e inmortaliza (…)”, como bien precisó en su vibrante despedida de duelo el doctor Jorge González Pérez, rector de la Universidad Médica de La Habana.

Como cualquier otro ser humano, el doctor Bernabé Ordaz tenía virtudes, defectos, inconsistencias, debilidades y necesidades…, pero los principios rectores que orientaron su conducta, no sólo como director del capitalino Hospital Psiquiátrico, sino también como persona única e irrepetible, fueron el amor y el perdón, heredados de sus profundas convicciones martianas y cristianas.

Cualquier profesional, técnico o trabajador de ese Colectivo Moral podía discutir con el Director o estar en desacuerdo con sus criterios o puntos de vista. No obstante, a los cinco minutos, el doctor Bernabé Ordaz se olvidaba de todo cuanto le habían dicho… y ahí quedaba “sepultado” el incidente, porque su alma libre y pura NO alimentaba insectos venenosos ni despedía olores pútridos…, sólo cultivaba hermosas flores, cuyo perfume acariciaba el intelecto y el espíritu de sus amigos sinceros o enemigos dignos, mientras que a los roedores de la inteligencia y el talento ajenos les mellaba los “colmillos” que muerden el cuerpo, la mente y el alma de los hombres virtuosos.

En cierta ocasión, un psiquiatra (ya fallecido) acusó al doctor Bernabé Ordaz de “abuso de poder”; en consecuencia, le pidió al Ministro de Salud Pública que actuara “enérgicamente”. En respuesta a dicha solicitud, el Ministro le envió el escrito original al Director, para que resolviera ese asunto como él estimara pertinente. El doctor Bernabé Ordaz llamó a ese facultativo y le preguntó si él había formulado esa acusación; el susodicho “tragó en seco”, cambió de color, y al final, admitió la autoría del escrito. Entonces, el Director lo “regañó”, como sólo un padre afectuoso puede hacerlo, le recordó, con mucho tacto y sin lesionar en lo más mínimo su dignidad humana, en qué condiciones desfavorables había ido a trabajar al hospital, y luego, lo mandó para la sala, donde ese psiquiatra era jefe de servicio; jefatura que nunca le quitó… hasta que, por decisión propia, se fue a trabajar a otras instituciones de salud…, donde, lamentablemente para él, NO tuvo la suerte de encontrar a un Director como el doctor Bernabé Ordaz.

Hace 7 años, cometí un desafortunado error y el Director me llamó por teléfono a mi casa para requerirme por primera vez… en 25 años. En cuanto escuché la voz, molesta, del doctor Bernabé Ordaz, le pedí, por favor, que me escuchara antes de que prosiguiera. Le dije, más o menos lo siguiente, “Doctor, dígame lo que usted quiera, porque me lo merezco, y cuando termine de decirme todo lo que usted desee… dígame el doble o el triple… por ‘tonto'”. Esa reacción (inesperada) le quitó, al parecer, los deseos de seguir “peleando”, me dijo dos o tres cosas que NO entendí bien… y ahí acabó el “rapapolvo”. Al otro día, le escribí para decirle que él para mí no era un simple Director, sino un padre (intelectual y espiritual), y que un progenitor, a veces, tenía que castigar a su hijo; por consiguiente, yo aceptaba el castigo, porque lo merecía con creces. La respuesta, que reproduzco sin permiso de él, porque no quiero despertarlo del sueño eterno que duerme en los amantísimos brazos del Espíritu Universal, tantas veces citado en la obra literaria y periodística de José Martí, 1 fue la siguiente:

(…)

Estimado Profesor:

Después de saludarlo, una vez más lo felicito, y lo pongo siempre como ejemplo de trabajador honesto y responsable, digno de todo reconocimiento, por su abnegada labor en las diferentes tareas que se le encomiendan.

Es por ello, que le ruego, olvide el incidente pasado y siga siendo vanguardia en sus funciones.

Sin más, queda de usted,

Fraternalmente,

Dr. Eduardo B. Ordaz

Director.

(El original se encuentra en el expediente laboral del autor de esta semblanza)

No es necesario seguir emborronando cuartillas, porque estoy seguro, estimado lector, que lo dicho hasta aquí es suficiente para convencerlo de que cuando “(…) los hombres envidiados (…) mueren, como las palmadas que da la Inmortalidad no suenan (…), nadie les disputa ya su gloria”. 2

¡Descanse en paz, doctor Eduardo Bernabé Ordaz, porque usted es de esos hombres buenos y justos, que van en el bando de “(…) los que aman y fundan (…)”. 3

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

  1. Martí J. Obras completas . La Habana : Editorial Ciencias Sociales; 1975; 28 tomos.
  2. Martí J. Citado por Ramiro Valdés Galarraga. En : Diccionario del pensamiento martiano . La Habana : Editorial Ciencias Sociales; 2002: p. 279.
  3. Martí J. Citado por Jorge Sergio Batlle. En : José Martí: aforismos . La Habana : Centro de Estudios Martianos; 2004: p. 188.

 

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1 Profesor-asesor y periodista del Hospital Psiquiátrico de La Habana. Socio Honorario de la Scuola Romana Rorschach.

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