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Rev. Hosp. Psiquiátrico de la Habana 2007, 4(2)
ENTREVISTA AL DOCTOR EDUARDO BERNABÉ ORDAZ

Dr. Jesús Dueñas Becerra 1

“La dignidad no consiste en recibir honores, sino en merecerlos” .

Aristóteles.

 

Si bien Dios y la vida me concedieron el privilegio histórico de estar casi 30 años al lado del comandante, doctor Eduardo Bernabé Ordaz, director fundador del Hospital Psiquiátrico de La Habana , que hoy lleva su ilustre nombre, es posible que por el hecho de haberlo tenido tan cerca profesional y afectivamente no “exploté” mucho más ese género periodístico que es la entrevista, pero una feliz coyuntura me permitió establecer –por una sola vez– la tan anhelada “relación mágica” con el también Profesor Emérito de la Universidad Médica de La Habana cuando el popular artista puertorriqueño y gran amigo de la ínsula caribeña, Danny Rivera, le notificó al doctor Bernabé Ordaz, el 11 de junio de 2003, que el Colegio Médico de Puerto Rico había presentado su candidatura en opción al Premio Nobel de Medicina.

Ese día y esa noticia quedaron registrados en la memoria poética del Héroe Nacional del Trabajo de la República de Cuba, quien no podía disimular la inmensa alegría que le invadía el cuerpo, la mente y el alma; y en medio de felicitaciones, abrazos y estrechones de mano, accedió a “conversar” conmigo unos minutos acerca de ese “acontecimiento no esperado y mucho menos merecido, pero muy estimulante para continuar hasta el final de mi vida la obra científica y humana a la que he dedicado más de 44 años de mi existencia”, declaró el doctor Bernabé Ordaz a la prensa local y extranjera que cubría dicha actividad.

Los apuntes de esa entrevista los guardé en el “baúl de los recuerdos”…, pero ahora que estoy “desapolillando archivos” me parece oportuno que vean la luz de la publicidad para honrar la memoria del expresidente de la Asociación Psiquiátrica de América Latina (1998-2000), a quien no le pedí permiso para divulgar aquellas revelaciones que me susurró casi al oído para no “insultar” la humildad y la modestia que –entre otras muchas virtudes– caracterizaran su carismática personalidad.

Sin más preámbulo, le doy la palabra al doctor Eduardo Bernabé Ordaz.

Doctor, desde los puntos de vista profesional, humano y espiritual qué representa para usted, como médico y como persona, haber sido propuesto para el Premio Nobel de Medicina por el Colegio Médico de Puerto Rico?

Creo que ya contesté en parte esa pregunta…, pero, bueno, como usted insiste, la voy a redondear un poco más. Fíjese, yo llegué aquí [al antiguo Hospital de Dementes de Cuba] sólo por unos meses ya que cuando triunfó la Revolución Fidel , Celia y Camilo me pidieron que me hiciera cargo de la dirección de esta mal llamada institución de salud, posiblemente la mayor de las desvergüenzas nacionales (de las muchas que había en la Cuba Republicana ).

El cuadro que encontré en el antiguo Mazorra era desgarrador, deprimente […]; en medio de tanta miseria y sufrimiento humano me vino a la mente una frase del Apóstol: “ver pena es bueno, porque nos hace creer, y nos aviva la capacidad de consolarla”. Ahora bien, como revolucionario y como cristiano, porque siempre he sido las dos cosas, tenía la obligación ética de emprender tan gigantesca tarea para cambiar aquel lamentable estado de cosas; en consecuencia, los pacientes recluidos en el otrora “Infierno de Dante” –como lo calificara Fidel– debían recibir atención médica urgente, y además, respetárseles su integridad como seres humanos.

Si lo he logrado o no, es algo que la posteridad –no yo– debe decir. Lo único que he hecho, desde el 9 de enero de 1959 hasta hoy, es darles atención especializada, afecto, cariño y ocupación a quienes han tenido la desdicha de perder la mente […], pero no su dignidad como seres humanos. Si por cumplir mi deber como médico, como revolucionario y como cristiano, el Colegio Médico de Puerto Rico propone mi candidatura como Premio Nobel de Medicina… bienvenida sea la noticia y les agradezco ese noble gesto a los colegas boricuas; acción que ha conmovido las fibras más íntimas de mi ser espiritual.

¿Qué les deja el doctor Bernabé Ordaz a las actuales y futuras generaciones de psiquiatras cubanos?

En vez de hablar de “herencia” o “legado”, prefiero hacerles una simple recomendación: que perciban el ejercicio de la Psiquiatría como manantial inagotable de ética, humanismo y espiritualidad, al decir del profesor Ricardo González Menéndez, presidente de la Sociedad Cubana de Psiquiatría y uno de mis más cercanos y fieles colaboradores. Por otra parte, el amor a la medicina y a la humanidad es la única vía para crecer como médicos y como personas, ya que no se concibe un buen médico que no sea una excelente persona.

Ahora que ha sido propuesto al Premio Nobel de Medicina, ¿cuáles son sus perspectivas al frente del Hospital Psiquiátrico de La Habana ?

Si Dios me da unos años más de vida, pienso dedicárselos al embellecimiento y engrandecimiento de esta institución, paradigma de nuestro Sistema Nacional de Salud (eso lo dicen los extranjeros que visitan el hospital; por favor, periodista, no deje de aclarar ahí que lo dicen ellos, no yo) y hacer realidad un sueño que, por razones ajenas a mi voluntad, ha quedado trunco desde hace 3 años: revitalizar la Revista del Hospital Psiquiátrico de La Habana , publicación insignia de este Colectivo Moral, al que le he dado y seguiré dando lo mejor de mí.

Ahora que lo complací, permítame atender a los invitados y demás colegas suyos, quienes también quieren entrevistarme para sus respectivos medios de prensa. Espero haber satisfecho sus inquietudes y le doy las gracias por esta oportunidad de intercambiar criterios con usted, que es de nuestra casa, que forma parte de nuestra gran familia.

Esa despedida del doctor Bernabé Ordaz devino cálida caricia a mi mente y mi alma, porque ese día estaba tan feliz, tan dispuesto, tan risueño, con una actitud tan positiva hacia el futuro, que pensé que su presencia en el Hospital Psiquiátrico de La Habana sería eterna. De hombres excepcionales como el comandante Eduardo Bernabé Ordaz, el Maestro dijo: “De ver [la estatura ético-moral] de [algunos] hombres, nos entran deseos irresistibles de imitarlos”.

 

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Psicólogo (jubilado), crítico y periodista.

 

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