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Rev. Hosp. Psiquiátrico de la Habana 2009, 6(2)

 

UNA MIRADA AL ENVEJECIMIENTO DE LA POBLACIÓN

María del Rosario Abreu Vázquez, 1

RESUMEN

El envejecimiento de la población es una realidad que hemos de enfrentar con dignidad. Se expone una panorámica del envejecimiento de la población así como su actualidad en la región de Las Américas enfatizando en el componente socioeconómico. Se presenta una breve caracterización del fenómeno en Cuba, su actualidad y se enuncia la pertinencia de realizar estudios de carga de enfermedad como medida de la contribución de la enfermedad y la discapacidad a la salud de nuestra población.

Palabras clave: envejecimiento, adulto mayor.

INTRODUCCION

Los cambios económicos y demográficos están estrechamente vinculados, aunque no siempre se sepa cómo actúa esta vinculación. No es casualidad, entonces que casi todo el crecimiento de la población mundial tenga lugar en los países menos desarrollados, o que los peores indicadores de salud se observen entre los países más pobres del mundo.1
En este marco se desarrolla un concepto que es inevitable y común a la mayoría de los países. Se trata de un proceso que surge por una disminución de los niveles de fecundidad y mortalidad que originan un cambio en la distribución por edades de la población. A este fenómeno se le denomina envejecimiento poblacional y gráficamente se traduce en una pirámide de población de base estrecha y cúspide ancha.
Al estudiar las experiencias de los países de América Latina se constata que todos, en mayor o menor grado, han entrado en la etapa de transición demográfica aunque con experiencias heterogéneas tanto entre países como dentro de ellos donde existen diferencias por áreas geográficas y sectores de la sociedad. Uruguay, Argentina, Cuba y Chile son los países que se ubican en el grupo de transición demográfica avanzada.
En el siglo XXI asistimos a una situación singular donde se incrementa el número de personas que sobrepasan las barreras cronológicas que el hombre ha situado como etapas de vejez. El fenómeno plantea nuevos retos en casi todos los ámbitos de la vida humana: económico, político, social, demográfico, de salud pública, y cambiará todas las modalidades de consumo, sobre todo en el ámbito médico. Por tal motivo, el envejecimiento poblacional se convierte en un reto importante para la sociedad moderna.
Desde mediados del pasado siglo la población mundial aumentó de forma considerable, paralelamente a la disminución de la fecundidad en algunas regiones y al aumento absoluto de la población que sobrevive a los 60 años.2 Con razón se ha afirmado que el siglo XX fue el de crecimiento de la población y que el XXI será el de su envejecimiento pero este ya ha comenzado, situación que hace emerger a la ancianidad (Referente a adulto mayor o anciano: Persona que transita por el cuarto período de la vida tras la infancia, adolescencia y  adultez. Comienza cuando la persona cumple 60 años.), como un problema de salud mundial.

DESARROLLO

CARACTERIZACIÓN DEL ENVEJECIMIENTO
El proceso de envejecimiento es universal, progresivo, asincrónico e individual. Universal porque afecta a todos los seres vivos. Progresivo porque se produce a lo largo de todo el ciclo vital en forma inevitable. Asincrónico porque los diferentes órganos envejecen a diferente velocidad. Individual porque depende de las condiciones genéticas, ambientales, sociales, educacionales y del estilo de vida de cada individuo.3
En las sociedades que envejecen a ritmo creciente, proporcionar la calidad de vida en la vejez y en la vejez dependiente es el reto más inmediato de las políticas sociales y de los servicios sociosanitarios.4
Es posible medir el impacto del proceso de envejecimiento sobre el normal funcionamiento de las sociedades y no solo compromete al adulto mayor sino también a los estratos poblacionales más jóvenes. Las dimensiones del problema son:

La importancia relativa de cada uno de estos aspectos varía y depende de las peculiaridades de los regímenes demográficos y las idiosincrasias institucionales de cada país. Sin lugar a dudas, el crecimiento de la población adulta mayor condiciona el incremento de las demandas de servicios de salud y de atención a estas personas porque en la esfera individual se presenta una gradual limitación de las condiciones físicas y de salud mental, se reducen los años esperados de vida activa y la esperanza de vida saludable, ocurre una reducción y el cese completo de participación en el mercado de trabajo y crece la dependencia de las transferencias de ingresos de diversas fuentes públicas y privadas.5
Envejecer de manera saludable implica no solo tener la posibilidad de los cuidados médicos ante los problemas de salud que se presenten en esta etapa de la vida; implica también reconocer a los ancianos como seres humanos con necesidades y posibilidades especiales. Significa aceptar que, además de un buen estado de salud física, los ancianos necesitan reconocimiento, respeto, seguridad y sentirse partícipes de la sociedad a la cual pueden aportar experiencia e interés. Alcanzar esto es una meta, además de acciones individuales, de la familia, la comunidad y el Estado actuando en su conjunto.
Cuando trabajamos por prolongar la vida de nuestros ancianos no les estamos haciendo un favor sino una retribución por lo mucho que han aportado a la sociedad a su paso por otras etapas de la vida. Este fenómeno tiene una doble implicación porque en la esfera individual el hecho de ser anciano reclama de la persona un esfuerzo diario en aras de enfrentar con éxito las situaciones que en los planos biológico, psicológico y social se plantean durante la tercera edad; y, como población en su conjunto, obliga a los gobiernos y a las sociedades a prever en sus planes de desarrollo a corto, mediano y largo plazo un crecimiento en los gastos e inversiones necesarios para cubrir las demandas que presentan.
Hasta hoy no existe ningún medicamento ni preparado que pueda frenar el proceso de envejecimiento. Así es, que nos tenemos que limitar a intentar conservar hasta una edad avanzada la suficiente capacidad de rendimiento mental y físico para que el vivir nos merezca la pena.6 Es importante que concentremos nuestra atención en las esferas que se deterioran con el transcurso del tiempo.
En el plano biológico se afectan las capacidades que tienen que ver con la relación del individuo: sentido de la visión, audición, capacidad para los movimientos; se aprecia disminución de la masa muscular, deterioro de los distintos órganos y sus funciones. Sin embargo el sistema nervioso, salvo algunas excepciones, solo registra modificaciones menores hasta edades avanzadas de la vida.
En la esfera psicológica la ancianidad no es vivida con uniformidad por todas las personas; por ejemplo, la jubilación puede ser, para algunos, motivo de alegría al desaparecer incomodidades, fatiga, enfermedades laborales y poder ocuparse según sus deseos, vocación y desarrollo de potencialidades no utilizadas antes. Para otros, la llegada a esta etapa de la vida puede resultar traumática por representar la pérdida de relaciones establecidas en el trabajo, disminución de los recursos financieros, la reducción de capacidades físicas y otras facultades así como el aislamiento que pueden traer consigo. Es más difícil mantener el equilibrio psicológico por el derrumbe de ciertos patrones tradicionales y por la pérdida de familiares allegados y de amigos.
En la esfera social el anciano puede verse afectado por la inestabilidad de la situación internacional que repercute inevitablemente en cada nación y en cada uno de sus habitantes. En las sociedades tradicionales el anciano era un personaje respetado, de reconocido prestigio y autoridad pero en la sociedad actual se tiende a restar valor al capital intelectual, técnico y moral que este poseía al no sustentar sus conocimientos y habilidades la estructura industrial y administrativa. Otro factor negativo es el cambio de la familia nuclear a la extensa donde conviven en un mismo hogar niños, adultos y ancianos.
La sociedad necesita trabajar para fomentar en todos sus integrantes la toma de conciencia de la importancia de preservar a este anciano que en un futuro no lejano va a ser necesario para el desarrollo del país, independientemente del régimen social y del potencial económico que posea; por lo tanto no se ha investigado lo suficiente su capacidad de aporte al desarrollo y posibilidad de cooperación.
En lo que respecta a su desempeño como grupo poblacional lo más significativo es un conjunto de necesidades médico-sociales que pudieran resumirse en:

Este grupo de necesidades  se sustenta en la base socioeconómica y en el importante papel que desempeñan los elementos de la superestructura por ella determinados: estado, políticas sociales, sistema de salud.
En este ámbito no deben omitirse:

CONTEXTO DEMOGRÁFICO, EPIDEMIOLÓGICO Y SOCIOECONÓMICO DEL ADULTO MAYOR EN AMÉRICA LATINA
CELADE (1996)7 planteó un eje de clasificación para ubicar los países en las diferentes etapas de la transición demográfica. La tipología utilizó como criterio de clasificación las tasas brutas de natalidad y mortalidad, ellas determinan el crecimiento natural y la estructura por edades de la población.
Grupo I: Transición incipiente. Países con alta natalidad y alta mortalidad. Por su elevada fecundidad tienen una estructura por edades muy joven. Ejemplo: Bolivia y Haití.
Grupo II: Transición moderada. Alta natalidad y mortalidad moderada. Con el descenso de la mortalidad en los primeros años de vida, se produce un rejuvenecimiento de la estructura por edades. Ejemplo: El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Paraguay.
Grupo III: En plena transición. Natalidad moderada y mortalidad moderada o baja. Como el descenso de la fecundidad es reciente, la estructura por edades es relativamente joven, aunque comienza a apreciarse el proceso de envejecimiento. Ejemplo: Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Panamá, Perú, República Dominicana, Venezuela.
Grupo IV: Transición avanzada. Natalidad y mortalidad moderadas o bajas, distinguida entre aquellos países que han mantenido niveles bajos de fecundidad y mortalidad por un largo período (ejemplo, Argentina), de los que los han alcanzado más recientemente (ejemplo, Chile). En el primer caso, la estructura por edades se acerca a la de los países más desarrollados mientras que en el segundo caso, tiene aún una menor proporción de adultos mayores. Además de Argentina y Chile, se encuentran en este grupo Cuba y Uruguay.
Los países europeos muestran cambios más acentuados pues están en la etapa de “postransición” demográfica, etapa caracterizada por un fuerte descenso de la mortalidad en edades avanzadas.
Debe recordarse que la clasificación de los países según la etapa de transición se realiza a partir de las tasas de natalidad y mortalidad; dado el dinamismo y heterogeneidad en el ritmo de cambio de estos componentes, es probable que si se hace una nueva clasificación de los países con datos actuales, la agrupación de países sería diferente y perdería sentido discriminar entre transición incipiente y moderada.7
Referente a la atención de salud de las personas de edad, se debe abordar el fenómeno de la transición epidemiológica, que acompaña a la demográfica, cuyos patrones de morbilidad pasan de un predominio de enfermedades infecciosas y agudas, asociadas a una composición por edades joven con una alta proporción de niños, a otro patrón de enfermedades crónicas y degenerativas propio de una estructura de población envejecida.
Más allá de la heterogeneidad de situaciones,  existe una especie de polarización epidemiológica en la que aún prevalecen enfermedades infecciosas, parasitarias y crónicas; las dos primeras asociadas a la pobreza y el subdesarrollo. En este punto, es importante establecer hasta dónde las personas mayores están expuestas al riesgo de muerte por causas evitables.
Las relaciones entre el envejecimiento y el desarrollo son bidireccionales y de carácter interactivo (CELADE, 1997). Todo examen debe considerar las particularidades de cada país y si bien puede aprovecharse la experiencia de los países más desarrollados, algunos rasgos no pueden obviarse: su proceso fue mucho más lento y estaban más preparados para responder a las demandas de una población adulta mayor en aumento.
Algunos estudios enfatizan los efectos negativos del envejecimiento sobre el desarrollo económico, aludiendo a los costos elevados de la atención de la salud y la seguridad social.
Del Popolo (2001) afirma que a medida que avanza la edad se incrementa la importancia relativa de la seguridad social como fuente de ingresos. Aunque este es un rasgo generalizado, especialmente en las zonas urbanas, se advierte que la cobertura previsional para las personas de 70 años y más es escasa. Los incrementos en la cobertura son más intensos entre los hombres y en la mayoría de los países de la región las desigualdades por sexo se acentúan con la edad.8
En el mencionado estudio se acota que la incidencia de la pobreza es mayor en las áreas rurales de la región, sin embargo los aumentos más drásticos se presentan en las áreas urbanas. Los países más avanzados en la transición demográfica registran los menores niveles de pobreza. Los países de la región fueron agrupados en:

De la agrupación anterior se desprende que la incidencia de la pobreza urbana en los adultos mayores se relaciona con la etapa de la transición demográfica de su país y esta asociación es más difusa en las zonas rurales; la transición tiene distinción entre el campo y la cuidad. Los países de transición avanzada están en los niveles más bajos de pobreza y los de transición incipiente y moderada en los más altos; se excluyen las áreas urbanas de Bolivia y Paraguay que poseen una incidencia media.
Una significativa proporción de las personas de edad permanecen activos en el mercado de trabajo, lo que parece obedecer a una necesidad económica y no a una decisión voluntaria. La falta de previsión social y los magros montos de las jubilaciones y pensiones son los principales factores que obligan a esa permanencia. En cambio, la decisión voluntaria de seguir trabajando está generalmente asociada al deseo de mejores condiciones de vida, donde la realización personal y la ocupación del “tiempo libre”, entre otros, serían factores explicativos. 
Las personas de edad que dejan la fuerza laboral no tienen asegurado por fuerza un ingreso suficiente. Sin embargo, algunos no podrían seguir trabajando debido a problemas de salud y otros abandonan la búsqueda de trabajo, desalentados por la discriminación etárea y la escasez de oferta.
En general, a mayor nivel de pobreza en un país, hecho asociado a su grado de desarrollo, mayor es la participación laboral de las personas de edad mientras que el grado cobertura de los sistemas de previsión es otro factor que influye en la opción de seguir trabajando.
EL ENVEJECIMIENTO EN CUBA
Cuba, como país en vías de desarrollo, no está alejada de los cambios en las condiciones de salud de las poblaciones y el descenso de la mortalidad. En las primeras décadas del pasado siglo la población mayor de 60 años mostraba cifras moderadas. En 1899 solo existían 72 000 personas en esas edades y hacia 1950 la cifra ascendía a 427 000 personas. El aumento no solo se debió a la disminución de la mortalidad sino a una fuerte corriente inmigratoria que arribó al país durante las 3 primeras décadas, resultando el mayor porcentaje hombres solteros procedentes de España.
En 1990 la cifra de ancianos ascendió a 1,2 millones, algunos de ellos sobrevivientes de los que arribaron 6 décadas antes.2 En el censo de población y viviendas realizado en el año 2002, se cuantificó el número de ancianos en 1 639 262.9 En el año 2005, el grupo poblacional de 60 años y más representaba el 15,4 % del total de la población.10 Una proyección de población estima que para el 2025 sobrepasarán los 65 años 1 914 970 cubanos, con una contribución relativa del 16,2% respecto a la población total.11
Para la población cubana en el 2008 la esperanza de vida al nacer, indicador resumen del nivel de mortalidad general en una población, es de 78,4 años. Las ganancias en la esperanza de vida la han experimentado tanto los hombres como las mujeres pero, dadas las mayores tasas de supervivencia de las mujeres frente a los hombres les corresponde a ellas una vida más prolongada con 80,6 años mientras que la del sexo masculino es 76,4 años.12
Con independencia de la precisión de las estimaciones, el incremento de la población incluida en el grupo que vive el cuarto período de la existencia constituye un problema con implicaciones médicas y sociales que obligan a estadistas y planificadores a considerarlo prioritariamente en sus planes perspectivos.13 En las Proyecciones de la Salud Pública en Cuba para el 2015 se plantea como objetivo disminuir en un 15 % la tasa de mortalidad entre 60 y 75 años.14
Satisfacer las necesidades de este segmento de población es una tarea compleja que ha de enfocarse de manera multidisciplinaria e intersectorial. La acertada planificación de políticas y estrategias se puede considerar como uno de los eslabones más importantes y reunir argumentos fiables y oportunos que le sustenten constituye un reto para los investigadores en este campo debido a la multiplicidad de factores que influyen en el problema y la diversidad de enfoques en su abordaje.
Los problemas de la salud mental adquieren una importancia especial por ser fuente de temores y de concepciones equivocadas sobre su origen, tratamiento y consecuencias. En muchos casos lo que se requiere para superarlos no es atención médica permanente sino funcionales sistemas de apoyo familiar y social.
La atención a la salud mental de nuestros ancianos es preocupación gubernamental y se materializa a través de políticas, programas y estrategias. El primer programa apareció en 1974 bajo la denominación de “Programa Integral de Atención al Anciano” dirigido por el Ministerio de Salud Pública. A partir de 1988 el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social  desarrolló el “Programa de Atención al Anciano Solo en su Domicilio” y en 1997 ve la luz el “Programa de Atención Integral al Adulto Mayor”, concebido e implementado por el Ministerio de Salud Pública y que responde a la evolución y desafíos del envejecimiento en el país.15
En las personas adultas mayores se da una mayor vulnerabilidad social, asociada con problemas de salud, que se incrementan con la edad, sobre todo las enfermedades crónicas degenerativas y discapacidades, como resultado de la pérdida de habilidades tanto físicas como mentales, y en el contexto socioeconómico donde se desenvuelven. 16
Con el enfoque actual de la problemática se pretende que el anciano se mantenga válido y en la comunidad junto a sus familiares, vecinos y amigos por constituir este el lugar donde mejor puede hacer valer sus capacidades y posibilidades reales; garantizarles los servicios y recursos necesarios es una responsabilidad social.
Caminando con el objetivo de lograr en la población una vejez saludable, para la atención integral al anciano se ha desarrollado un instrumento de predicción de riesgo de compromiso y pérdida de la funcionalidad. Se denomina Evaluación Funcional del Adulto Mayor y consta de 2 partes: la primera parte tiene por objetivo definir si el anciano es autovalente o dependiente y la parte B define si la persona autovalente está en riesgo de perder la funcionabilidad y transformarse en dependiente.17
Cuba participó en el año 2000 en la encuesta Salud, Bienestar y Envejecimiento de las Américas cuyos resultados fueron publicados en Octubre de 2003.18
En nuestro país, en el Centro Iberoamericano de la Tercera Edad, está organizado un sistema de atención integral al adulto mayor con participación interdisciplinaria en la evaluación, propuesta de conducta y evolución de los ancianos. Lograr que los Equipos de Salud en la comunidad incorporen este método de trabajo es un desafío que requiere voluntad, dedicación y capacitación de los recursos humanos como primer paso.
Distintas ciencias han abordado el estudio de la ancianidad desde el ámbito de su interés particular. Solo en la integración está la clave del éxito. Hoy en día la perspectiva social desempeña un importante papel en la evaluación del estado de salud de los ancianos.
El rol de los factores sociales se determina por su participación directa en la dinámica del desarrollo mismo. La comprensión de los abuelos exige un análisis sociohistórico y cultural.
Se ha constatado que los sujetos comprendidos en esta etapa de la vida presentan una disminución de las capacidades funcionales, que, en algunos casos, conduce a la discapacidad. El diagnóstico debe encaminarse a describir cómo la afección conduce a la representación social y personal de la senectud.
La sociedad y en particular los profesionales que se dedican a la atención del adulto mayor, nos enfrentamos a un reto de orden cognitivo y metodológico. Para los profesionales dedicados al tema, se requiere que revisemos nuestros conceptos de participación multidisciplinaria e intersectorial, conscientes de que cuando hablamos de calidad de vida en la vejez, una de sus aristas se refiere a la urgencia de promover la participación de las personas de edad como miembros activos de la comunidad por sus capacidades para transmitir experiencias a las generaciones más jóvenes y también por la necesidad que tienen ellos mismos de comprender su estilo de vida y desafíos. Para la sociedad es imprescindible aprender a envejecer.
LOS ESTUDIOS DE CARGA DE ENFERMEDAD
Reconocer los elementos interactivos de la relación que se establece entre el anciano, la familia y la comunidad permite ponderar sus estados de salud como elemento importante para el cálculo de indicadores de carga de enfermedad.
Para construir medidas sintéticas de salud de las poblaciones es necesario ponderar el tiempo vivido en diferentes estados de salud. Esto permite combinar en una sola medida los años perdidos por muerte prematura y los años vividos en estados peores que la salud perfecta.
Todos los indicadores sintéticos que miden la salud de las poblaciones requieren información sobre los valores de los diferentes estados de salud. Es importante distinguir entre las medidas de salud que valoran las distintas dimensiones que la componen, y la medida global de la salud, que expresa mediante una cifra los valores de los diferentes estados de salud.
Los instrumentos que se utilizan para describir los estados de salud son útiles también para obtener una valoración global. El propósito de esta es asignar un valor al tiempo vivido en diferentes estados, a diferencia de las medidas que describen la salud de los individuos mediante múltiples dimensiones.19
Las medidas sintéticas de salud de las poblaciones incluyen la frecuencia y valoraciones de las consecuencias mortales y discapacitantes de los distintos problemas de salud. En este contexto se insertan los estudios de carga de enfermedad.
La carga de enfermedad se define como una medida de las pérdidas de salud atribuibles a diferentes enfermedades y lesiones, o a los factores de riesgo y determinantes asociados, incluyendo las consecuencias mortales y discapacitantes.20

CONCLUSIONES

El envejecimiento de la población es un fenómeno con implicaciones en todas las esferas de la sociedad, no solo para el sector salud. En lo individual, sus implicaciones alcanzan las esferas biológica, psicológica y social.
La región de Las Américas envejece con un peso importante de las condiciones socioeconómicas en la calidad de vida de los ancianos.
En Cuba, dar respuesta a las crecientes necesidades de la población anciana es  ocupación permanente de la Salud Pública y la sociedad en su conjunto.
La medición de la salud de la población utilizando indicadores de carga de enfermedad es una necesidad para completar el estudio del estado de salud de la población.

A GLANCE AT THE POPULATION'S AGING

SUMMARY

The population aging is a reality that we have to face with dignity.  A review of the population aging, as well as its current situation is exposed in the Americas, making emphasis on the socio-economic component.  A brief characterization of this phenomenon is presented in Cuba nowadays and the relevance to carry out studies on burden of the disease is enunciated as a measure of contribution to the disease and the limitation to our public health.


Key words: aging – elderly

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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  11. Oficina Nacional de Estadísticas Centro de Estudios de Población y Desarrollo. Cuba: Proyecciones de Población Nivel Nacional y Provincial: período 2000-2025. La Habana: 1999.

  12. Oficina Panamericana de la Salud. Situación de salud en Las Américas. Indicadores básicos 2008 [en línea]. Disponible en http://devserver.paho.org/hq/index.php?option=com_content&task=view&id=220&Itemid=317

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  20. Pereira J. Fundamentos, concepto y objetivos de los estudios de carga de enfermedad. En: Curso “La medida de la carga de enfermedad y su utilización para establecer prioridades y definir intervenciones esenciales en los sistemas de salud”. Montevideo: CEES; 2000. p. 1-6.


1Especialista de I Grado en Bioestadística. Máster en Psicopedagogía. Profesora Asistente. Instituto de Gastroenterología.

 

 

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