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Rev. Hosp. Psiquiátrico de la Habana 2010, 7(2)

 

Consumo de Alcohol y victimarios de delitos de violencia

José F. PérezMilan 1 , Inmara Valiente Rodríguez 2 y Mariloly Acosta González 3

RESUMEN

El incremento de muertes por homicidio es una problemática que enfrenta el mundo actual como consecuencia de un aumento de la violencia; se plantea que existe una vinculación de los niveles de criminalidad con variados factores sociales, psicológicos y biológicos, entre los que se señala el consumo de alcohol como factor predisponente del comportamiento agresivo humano. Asimismo, el consumo de alcohol es catalogado como un significativo factor de riesgo en delitos del tránsito y homicidios, debido fundamentalmente a los efectos biológicos provocados por el tóxico desde las primeras etapas de la intoxicación. Se realizó un estudio descriptivo de corte transversal en 71 victimarios de homicidio y asesinato, a los cuales se les aplicó los cuestionarios CID, briest MAST y CAGE, además de una entrevista al autor del delito, al instructor del caso y la consulta del Expediente de Fase Preparatoria (EFP), analizando diferentes variables relacionadas con el consumo de alcohol en los victimarios de los delitos estudiados. Los resultados de la investigación evidencian la ingestión de bebidas alcohólicas en algún modo o estilo de consumo en el total de la muestra, se destaca la modalidad de bebedores sociales en un 60,6 % de los victimarios; en el 53,5 % de todos los sujetos estudiados se comprobó la ingestión de esa sustancia tóxica en un período de hasta 12 horas antes del momento del hecho. Los resultados del presente estudio relacionan intensamente la ingestión de alcohol con estas figuras delictivas, reafirmando que el consumo de bebidas alcohólicas es un destacado factor criminógeno vinculado a estos delitos de violencia.

Palabras clave: homicidio, asesinato, violencia, alcohol.

INTRODUCCION

Datos actualizados de la OMS plantean que el uso, mal uso, abuso y dependencia  de drogas legales, de prescripción e ilegales se relacionan con el 12,4 % de los fallecimientos, y el 8,9 % de los años perdidos por discapacidad y muertes precoces1 con la consecuente estigmatización y rechazo mundial, mientras que la droga paradigmática, el alcohol, determina anualmente mediante su uso nocivo, la pérdida de 58 millones de años por invalidez y si se suman los perdidos por muertes precoces evitables los estimados mundiales alcanzan los 120 millones de años cada 12 meses. Su uso inadecuado determina el mayor número de hechos de sangre en la población mundial no islámica, y también el mayor numero de violaciones extra e intrahogareñas.2
La aplicación de este indicador en los Estados Unidos arrojó que los daños sociales implícitos en gastos médicos, jurídicos, ausentismo, afectación de la productividad laboral y daño a la propiedad privada y estatal, llega a los 250 mil millones de dólares.2,3 Se considera que en dicho país las drogas, incluyendo el alcohol, son responsables de más del 50 % de los arrestos policiales, muertes por accidentes del tránsito, muertes por inmersión, violaciones, homicidios, accidentes laborales y violencia familiar, del 30 % de los suicidios y asaltos a mano armada y que el 15 % del presupuesto de salud y la mitad de las camas hospitalarias de adultos se dedican actualmente a la atención de problemas relacionados con el uso, abuso y dependencia de sustancias.1
El alcohol, considerada la droga modelo por ser la única sustancia de consumo legal y no médico capaz de distorsionar la conciencia al mismo grado que otras sustancias tóxicas, es también la droga portera que conduce al consumo simultáneo o alternativo de las llamadas drogas de prescripción o ilegales, cuyas tasas de consumo no hacen ni la cuarta parte de las cifras de consumo del alcohol;2 su acción proclive a la violencia es elevada a nivel mundial.
El consumo de alcohol es catalogado como un significativo factor de riesgo en delitos del tránsito y homicidios,3 debido fundamentalmente a los efectos biológicos provocados por el tóxico desde las primeras etapas de la intoxicación,2 que en el caso de la conducta agresiva determina la desinhibición de impulsos y tendencias de la personalidad, así como la salida de todo un potencial de tensiones históricamente acumuladas en relación con un conflicto o situación determinada, facilitando la abreacción y permitiendo el quebrantamiento de valores éticos y morales que puedan frenar la realización de una conducta reprobable, como un hecho delictivo.
En relación con lo anterior, en actuaciones de Psiquiatría Forense y Medicina Legal se menciona la “dosis de valor”, refiriéndose a la ingestión de determinada cantidad de alcohol realizada por los perpetradores de actos de homicidio o suicidio con vistas a perder el miedo o “llenarse” de valor para ejecutar determinada acción, lo cual sitúa al sujeto en función de la desinhibición ya referida que lleva a la vulneración de las barreras psicológicas, éticas y morales que se oponen a la realización de un acto reprobable socialmente (tal como lo es el homicidio), o facilitan su ejecución.
Además de su función desinhibidora y facilitadora de la acción, el alcohol es un agente distorsionador de la conciencia que hace funcionar al consumidor a niveles subcorticales. Otra vertiente que proporciona el alcohol al riesgo de violencia son los cuadros psicóticos desencadenados y producidos como complicación por el consumo crónico del tóxico, con abundante sensopercepción, delirios, violencia y agitación psicomotora, que justifican su atención por la peligrosidad que detentan. Por otra parte la abstinencia al tóxico en el caso de los dependientes provoca en el deteriorado centro de recompensa del núcleo accumbens, la movilización de noradrenalina, determinando un estado de alerta con facilitación de conducta motora que se traduce en excitación y agresividad.
Esas razones parecen justificar su frecuente vinculación a las estadísticas de violencia, en específico a los homicidios, todo lo cual le otorga al alcohol un valor criminógeno.4,5
Se considera que los protagonistas de esta debacle recogida en estadísticas de fallecimientos, lesiones, discapacidades, daños materiales, gastos sociales y problemas legales, no son en su mayoría, los dependientes alcohol, ni el consumo perjudicial, ni tan siquiera los consumidores de riesgo, sino los sujetos que consumen con un estilo de bebedores sociales, fenómeno se recoge en la actualidad bajo el nombre de “Problemas relacionados con el alcohol” (P.R.A.) y acapara la atención de los programas de intervención comunitarios para la detección y psicoeducación de los sujetos consumidores irresponsables no dependientes, autores de la inmensa cantidad de estas consecuencias derivadas del consumo inadecuado o irresponsable de alcohol.6,7
En Cuba la prevalencia de alcoholismo —al considerar tanto el consumo de riesgo, el consumo perjudicial, así como la dependencia— ronda el 7 % en población mayor de 15 años, con patrones de consumo embriagantes y una proporción de bebedores de riesgo, cercana al 10 % en ese grupo de edades.8
En nuestra población, donde “se ha ido arraigando inocentemente” una conducta tolerante a la ingestión del alcohol en todas sus manifestaciones de frecuencia, sin pensar en las consecuencias sociales de este consumo en la población general, constituye un factor predisponente al comportamiento agresivo. Hay que señalar que si bien estas actitudes comunitarias en nuestro medio muestran esta cierta permisividad al consumo de alcohol, manifiestan un franco rechazo ante la utilización de drogas ilegales.
Existen en la actualidad instrumentos de alta sensibilidad y especificidad para detectar parámetros que identifican términos relacionados con la adquisición del hábito alcohólico9 clasificándolos en “bebedor problema”, “bebedor social”, “consumo de riesgo”, “consumo perjudicial”, que se consideran sinónimos de alcoholismo en sus diferentes modalidades incluidas, desde luego, las formas iniciales de dependencia física, para clasificar a los sujetos hasta la franca dependencia alcohólica mediante la aplicación de cuestionarios breves que son, por otra parte, de fácil aplicación por cualquier integrante del equipo de salud y bajo costo, lo que posibilita su utilización a grandes grupos de la población general, conglomerados familiares o poblaciones seleccionadas como pacientes hospitalizados o sujetos bajo procesos judiciales por conductas violentas,10  como es el caso de la población que compone nuestro estudio.
Entre estos están los cuestionarios de indicadores diagnósticos (CID);11 brief MAST12 y CAGE,13 validados para el pesquisaje de alcoholismo,14 este último como el instrumento más utilizado a escala mundial; numerosos trabajos han evidenciado, en nuestro país y otros medios, su alta sensibilidad y especificidad que supera la de instrumentos de mucha sofisticación y costo15 para evaluar algunos conocimientos y actitudes sobre el alcohol y el alcoholismo.16 Los 3 instrumentos posibilitaron la elaboración y difusión de criterios diagnósticos operativos para el generalista. Los cuestionarios fueron más útiles que las pruebas inespecíficas de laboratorio en cuanto  a sensibilidad y factibilidad.17
En relación con las muertes por homicidios, nuestro país no escapa a esta situación mundial y aunque la violencia no tiene los orígenes ni los índices de otras sociedades, despunta como fenómeno social que ya debe ser atendido. En la década actual, las estadísticas más recientes reflejan un aumento de las cifras con un aumento de la tasa a 6,1 por 100 000 habitantes18,19 y aunque las pérdidas de vidas por homicidios aún no clasifican entre las 10 primeras causas de muerte del país, sí figuran en la cuarta y quinta plazas en poblaciones entre 10-19 y 15-49 años de edad respectivamente, disminuyendo las cifras durante los años 2005 y 2006 en el primer grupo y aumentando el número de víctimas en el segundo, con respecto a registros anteriores.
El estudio sistemático de medición y análisis de estas conductas violentas, donde el sector de la salud tiene su rol asignado, ha motivado a los investigadores a diseñar proyectos para la identificación y comprensión de sus causas y factores, así como trazar estrategias de tratamiento, tanto para víctimas como para victimarios. El vínculo del crimen con la ingestión de alcohol es uno de los temas que se estudia con más frecuencia y profundidad.
Como objetivo general nos proponemos relacionar la presencia del consumo de alcohol en victimarios de homicidio y asesinato peritados en el servicio de Psiquiatría Forense del Hospital Psiquiátrico de La Habana y, como objetivos específicos, establecer la frecuencia de consumo de alcohol en los sujetos procesados por estas dos figuras delictivas, identificar el consumo de alcohol en sus distintos estadios evolutivos en los autores de homicidio y asesinato, determinar en los victimarios de la muestra, la ingestión de alcohol previo a la comisión del hecho delictivo, clasificar la presencia de trastornos psiquiátricos relacionados con el consumo de alcohol vinculado a los delitos de homicidio y asesinato analizados en nuestra muestra y reflejar la trascendencia a la responsabilidad penal e imputabilidad por causas psicopatológicas de los victimarios de la muestra.

MATERIAL Y MÉTODO

Se realiza un estudio descriptivo de 71 casos procesados en el servicio de Psiquiatría Forense del Hospital Psiquiátrico de La Habana en el período comprendido entre octubre/2007 y octubre/2008 por los delitos de asesinato y homicidio remitidos por los diferentes órganos de instrucción, tribunales populares provinciales y los derivados de la instrucción 186 del Tribunal Supremo Popular, excluyéndose los remitidos de fiscalías y tribunales militares y casos de homicidios por accidentes de tránsito, así como los casos legales de muertes ocasionadas por una mala práctica médica.
El dato primario se obtuvo por entrevista a los sujetos procesados de nuestro universo de estudio y en la consulta del expediente en fase preparatoria (EPF), referencias y testimonios de la ingestión de alcohol, drogas legales e ilegales, así como certificados médicos y alcoholemia. Para corroborar las referencias de la entrevista, se consultó también a familiares allegados y si el explorador lo consideró necesario, ante dudas o contradicciones en la información ofrecida por los entrevistados, se utilizaron otras fuentes además de las descritas (por ejemplo, entrevistas a compañeros de trabajo, vecinos, familiares de consanguinidad alejada) detectando a los victimarios que habitualmente o con cierta frecuencia hacen abuso del alcohol, incluyendo el momento del delito. La información así obtenida fue recogida en un modelo confeccionado a los efectos de contabilizar variables relacionadas con el consumo de alcohol.
Para explorar la detección de los diferentes estadios de alcoholismo en la muestra estudiada, se les aplicaron a todos los entrevistados tres cuestionarios de exploración directa como instrumentos de sensibilidad para pesquisar estadios de la adicción; se consultaron, además del entrevistado, otras fuentes de información.
1) El cuestionario de indicadores diagnósticos (CID)11
2) brief MAST12
3) Cuestionario CAGE13 
La calificación de estos instrumentos se realizó según las escalas pautadas para cada uno de los cuestionarios y se tomó en cuenta el número de respuestas afirmativas de los entrevistados.
Para el cuestionario CID se tuvo en cuenta la siguiente escala a las respuestas positivas de los entrevistados
1. Consumo social o bebedor social, de 0 a 1.
2. Consumo de riesgo, de 2 a 3.
3. Consumo perjudicial, de 4 a 5.
4. Dependencia alcohólica, de 5 a 7.
Para el cuestionario CAGE se consideró como indicador de alcoholismo la presencia de 2 o más respuestas afirmativas.
En el cuestionario brief MAST se utilizó la siguiente escala de clasificación del entrevistado según el número de respuestas positivas.
0-3   Bebedor no problemático
4      Dudoso
5      Bebedor problema
Se considerará positivo el cumplimiento de estos criterios según la calificación de cada instrumento, con independencia de la información obtenida en el interrogatorio del peritado o provenga de otras fuentes mencionadas en párrafos anteriores.
En la variable frecuencia de consumo se tuvo en cuenta las siguientes categorías
1. Menos de una vez al mes
2. Una vez al mes
3. Una vez a la semana
4. Dos o tres veces por semana
5. Diaria
Se tomó como variable el consumo de alcohol o drogas previo al momento del delito. Las categorías se dividieron en:
Antes: El sujeto comenzó a ingerir bebidas alcohólicas o drogas independientemente de la cantidad de consumo, desde un período de tiempo que contempló como máximo, desde 12 horas antes del momento del delito, dejando de consumir como máximo 2 horas antes de haber ocurrido el hecho.
Durante: El sujeto comenzó a ingerir bebidas alcohólicas o drogas independientemente de la cantidad de consumo, desde un período de tiempo que contempló como máximo, desde 2 horas antes del momento del delito y continúo consumiendo en concurrencia con el contexto del hecho.
Antes y durante: El sujeto comenzó a ingerir bebidas alcohólicas o drogas independientemente de la cantidad de consumo, desde un período de tiempo que contempló desde 12 horas antes del momento del delito manteniendo su ingestión en concurrencia con el contexto del hecho.
Tratamiento estadístico
Para el procesamiento estadístico de los casos se utilizó el programa  STA-WIN (2006) que permite las comparaciones a través de métodos no paramétricos y paramétricos, en el análisis de los casos usamos estadísticas básicas, métodos no paramétricos mediante tablas de 2 X2 para X² y la observación de los valores referidos mediante el estadígrafo X² con una probabilidad significativa < 0,05. No fue significativa estadísticamente las relaciones entre variables y entre categorías de las variables, ya que la muestra no tenía suficiente tamaño,  por esta razón se realizó el análisis descriptivo donde se relacionaron variables con sus categorías y  dos variables entre sí, con las proporciones llevadas a porcientos y con ellos se destacan los grupos mayoritarios de las categorías estudiadas.
Tratamiento bioético
Se tuvo en cuenta la más estricta confidencialidad de la información que se manejó en la investigación, y se les hizo saber siempre a los entrevistados que, de manifestar la ocurrencia de algún otro delito no conocido que nos obligara a realizar la denuncia, lo debíamos hacer según lo establecido por la ley y nuestros principios.
La información obtenida se puso solamente en función de la investigación. Esta se procesó de forma general omitiendo los datos personales de identidad, y en aquellos casos en que se hizo algún apunte particular se respetó el principio del secreto médico aplicado a las investigaciones.

RESULTADOS

En la tabla 1 se recogen las estadísticas de categorías diagnósticas del consumo de alcohol clasificadas según los resultados de la aplicación del cuestionario de indicadores diagnósticos (CID) diseñado por un experto cubano11 que fue aplicado a esta población especial de pacientes violentos.

Tabla 1. Diagnóstico de consumo de alcohol en los victimarios de homicidio y asesinato según cuestionario CID

 

 

Bebedor
social

 

%

 

Consumo de riesgo

 

%

 

Consumo perjudicial

 

%

 

Dependencia alcohólica

 

%

 

Total

Homicidio

19

57,6

2

6,1

9

27,3

3

9,1

33

Asesinato

24

63,2

4

10,5

3

7,9

7

18,4

38

Total

43

60,6

6

8,5

12

16,9

10

14,1

71

 

 

 

 

Tomando como referencia los resultados del cuestionario CID, el total de victimarios refieren consumir bebidas alcohólicas en algún modo. Se destacó el 60,6 % como bebedores sociales, le sigue del consumo perjudicial (16,9 %), sólo un 14,1 % son dependientes de esa sustancia y el 8,5 %, bebedores de riesgo.
Las tablas 1.1 y 1.2 reflejan los resultados de la aplicación de los cuestionarios briest MAST 12 y CAGE13 que también fueron utilizados en los victimarios objetos de estudio.

Tabla 1.1. Diagnóstico de consumo de alcohol en los victimarios de homicidio y asesinato según cuestionario brief MAST

 

Asesinato

Homicidio

Total

 

%

 

%

 

%

Bebedor no problemático

    24

63,1

18

54,5

42

59,1

Dudoso

7

18,4

12

36,3

19

26,7

Bebedor problemático

7

18,4

 3

9

10

14

Total

38

100

33

100

71

100

 

 

 

 

Tabla 1.2. Diagnóstico de consumo de alcohol en los victimarios de homicidio y asesinato según cuestionario CAGE

 

 

 

Asesinato

 

Homicidio

 

Total

 

%

 

%

 

%

Positivo (mas de dos preguntas)

15

39,4

16

48,4

31

43,6

No positivo (menos de dos preguntas

23

60,5

17

51,5

50

70,4

Total

38

100

33

100

71

100

 

 

 

 

 

El cumplimiento de los criterios según la calificación de cada instrumento, fue procesada y comparada entre los tres cuestionarios aplicados, y se valoraron los resultados de estos instrumentos con independencia de la información obtenida en la entrevista del peritado, EFP o proveniente de otras fuentes. Los resultados de los tres instrumentos coinciden en la designación del estilo de bebedor social que se tomó como categoría del cuestionario CID que exponemos en la tabla 1.
La tabla 2 revela la frecuencia de consumo de los autores de estos delitos. Sus resultados son coherentes con los de la tabla anterior (tabla 1) donde se resalta el mayor por ciento de bebedores sociales en la muestra general de victimarios, bastante similar al mayor porciento que ingerían alcohol con baja frecuencia de consumo. El 31 % consumían menos de una vez al mes y un 40 % reportan frecuencia de una vez al mes á una vez a la semana, patrones similares al del bebedor social, de fin de semana o de actividades festivas y de reunión social.  Un 30 % de victimarios tenían patrones muy parecidos a los del consumo perjudicial y dependencia, repartidos en un 17 % que consumía 2-3 veces/semana y  un 13 % diariamente. Por figuras delictivas, la proporción se comportó similar a la distribución general de todos los victimarios.

Tabla 2. Frecuencia de consumo de alcohol en los victimarios de homicidio y asesinato

 

Asesinato

Homicidio

Total

Casos

%

Casos

%

Casos

%

Casi nunca

9

23,7

9

27,3

18

25,4

Menos de
1 vez al mes

 

3

 

7,9

 

1

 

3

 

4

 

5,6

1 vez al mes

10

26,3

4

12,1

14

19.7

1 vez a la semana

 

6

 

15,8

 

8

 

24,2

 

14

 

19,7

2 o 3 veces a la semana

 

4

 

10,5

 

8

 

24,2

 

12

 

16,9

Diaria

6

15,8

3

9,1

9

12,7

Total

38

100

33

100

71

100

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por otro lado la tabla 3 es más puntual al recoger el consumo previo a la ocurrencia del hecho. Analizando de forma general, obtuvimos que el 46,6 % no consumió bebidas alcohólicas desde12 horas antes del delito.

Tabla 3. Consumo de alcohol previo a los hechos de los victimarios de homicidio y asesinato

 

No consumo

%

Sólo antes

%

Sólo durante

%

Antes y durante

%

Total

%

Homicidio

16

48,5

11

33,3

1

3%

5

15,2

33

100

Asesinato

17

44,7

14

36,8

 

 

7

18,4

38

100

Total

33

46,5

25

35,2

1

1,4%

12

16,9

71

100

En una ligera mayoría de los victimarios (53,5 %) se determinó habían ingerido esa sustancia tóxica antes de los hechos. De ellos el 35,2 % consumió con cierta inmediatez previa de desde 12 horas antes,  habiendo algunos cesado de ingerir al menos 2 horas antes de estar en contacto con la circunstancia que los llevó al delito El 1,4 % solamente consumió a partir de 2 horas antes y simultáneo (durante) al hecho y un 17 % comenzó a consumir desde al menos 12 horas antes y continuó sin detener su ingesta “durante” la ocurrencia del delito.
A pesar de las posibles cantidades de alcohol ingeridas previas al hecho por victimarios que comenzaron a consumir desde horas antes y mantuvieron su ingesta, no se identificó clínicamente (según informaciones del EFP y de los entrevistados) ninguna conducta a nivel de gran desorganización compatible con alteración de conciencia derivada del consumo de alcohol en relación al delito.

DISCUSIÓN

Tomando como referencia los resultados del cuestionario CID, no se identificó ningún abstemio en la muestra de esta investigación. El total de victimarios declararon consumir bebidas alcohólicas en algún modo o estilo de consumo. Los resultados expuestos en la tabla.1 destacan un 60,6 % de bebedores sociales, le sigue del consumo perjudicial (16,9 %), sólo un 14,1 % son dependientes de esa sustancia y el 8,5 % bebedores de riesgo.
La proporción mayoritaria de bebedores sociales y el menor número de victimarios que no tenían hábitos de consumo frecuente de bebidas alcohólicas, según se refleja en la tabla No. 2, expone una de las realidades actuales más trascendentes de este contexto; el consumo irresponsable de bebidas alcohólicas por una población no adicta, que es el que genera la casi totalidad de los problemas sociales y legales consecuencia del consumo de bebidas alcohólicas, fenómeno se ha denominado “Problemas Relacionados con el Alcohol (P.R.A.).6,7
Uno de los resultados que se relaciona con lo anteriormente expresado se destaca en la tabla No.3 refiriéndose a la inmediatez de la ingestión en relación al momento del delito. Algo más de la mitad de los victimarios se les comprobó haber ingerido esa sustancia tóxica antes de los hechos (53,5 %), de ellos el 35,2 % consumió con cierta inmediatez previa de desde 12 horas antes,  habiendo cesado de ingerir al menos 2 horas antes de estar en contacto con la circunstancia que los llevó al delito y donde la dosis de alcohol ingerida momentos antes jugó su papel desinhibiendo al victimario en las etapas I y II de la embriaguez,34 con la consecuente pérdida de crítica para valorar adecuadamente vivencias y percepciones donde los impulsos y tendencias son más difíciles de controlar.
El 1,4 % solamente consumió a partir de 2 horas antes y simultáneo (durante) al hecho lo cual pudiera haber tenido la intención de provocarse dosis de valor ó el tóxico obró como desinhibidor  en un sujeto de ingestión ocasional o social y un 17 % comenzó a consumir desde al menos 12 horas antes y continuó sin detener su ingesta “durante” la ocurrencia del delito. En estos casos la ingestión de alcohol pudo haber llegado a cifras de alcoholemia compatibles con el estado de embriaguez, donde los impulsos y tendencias son más difíciles de controlar; con la consecuente pérdida de crítica para valorar adecuadamente vivencias y percepciones, lo cual no pudimos comprobar sistemáticamente por la ausencia en muchos casos, de recogida de la muestra de sangre en el momento de la detención debido a diferentes causas.
Se ha reportado que las manifestaciones groseras que pueden evidenciarse en la observación clínica directa de un sujeto embriagado, se producen aún con pequeñas cantidades del tóxico que pueden ocasionar efectos deletéreos sobre las funciones cognitivas,2 y también que éstos se expresan en relación directa con la dosis de alcohol ingerido como promedio en bebedores sociales explorados en estado de absoluta sobriedad.  La ausencia de reportes y referencias (según informaciones de la entrevista y EFP) que identificaran clínicamente alguna conducta de sintomatología aparatosa y desorganizada de intoxicación aguda al alcohol a pesar de las posibles altas dosis ingeridas desde 12 horas antes y continuada simultáneamente al momento de la comisión del delito,  por un 17 % de los victimarios, hablaría que ese grupo de sujetos bebedores de grandes cantidades de alcohol correspondía al porciento de dependientes (14,1 %) o de bebedores perjudiciales detectados en el cuestionario CID (tabla  1) los cuales desarrollan tolerancia a esas cantidades excesivas y no presentan clínicamente un cuadro aparatoso de embriaguez,  pero sin escapar a otros efectos deletéreos del alcohol en cuanto a la voluntad, percepción de vivencias, control de los impulsos y procesamiento cognitivo . 
Datos similares que vinculan el consumo sin dependencia de bebidas alcohólicas en poblaciones de homicidas son reportados en otros estudios realizados en nuestro medio.20,33
Los resultados del presente estudio, relacionan intensamente la ingestión de alcohol con estas figuras delictivas y nos lleva a reafirmar que el consumo de bebidas alcohólicas es un destacado factor criminógeno vinculado a estos delitos de violencia, y no precisamente por el comportamiento de la adicción adquirida y daño orgánico cerebral crónico consecuencia de la ingestión inveterada, sino por el consumo inadecuado o irresponsable que encontramos en el bebedor ocasional o social. En nuestra muestra existieron casos que no consumían con frecuencia y con la sola ingestión ocasional horas antes o durante el hecho fue suficiente para que su efecto influyera sobre su conducta o al menos se vinculara a un homicidio o asesinato. Incluso aquellos que habitualmente no ingieren bebidas alcohólicas con asiduidad o frecuencia, lo hicieron el día del evento en alguna de estas variantes.
Cifras muy similares de consumo previo al delito es reportada en una investigación realizada en nuestro medio.29 Otros autores nacionales informan cifras muy superiores de ingestión de alcohol antes del hecho delictivo.23,27
Podemos entonces concluir que la totalidad de los victimarios ingerían bebidas alcohólicas en alguno de los estilos de consumo, lo cual refuerza el vínculo importante del alcohol y estos delitos, que de manera general el consumo de alcohol de los victimarios de la muestra no fue de una alta frecuencia ni dependencia a esta sustancia, con un patrón de consumo semanal, que se reporta una considerable cantidad de bebedores sociales en los victimarios de ambas figuras delictivas que más de la mitad de los victimarios de ambas figuras delictivas habían consumido bebidas alcohólicas previamente a la comisión del hecho, en ingestas que habían comenzado hasta 12 horas antes de la ocurrencia del delito, que no se identificó ningún cuadro psicopatológico de funcionamiento psicótico derivado del consumo de alcohol  relacionado con los delitos analizados en nuestra investigación y que por consiguiente, la ingestión de alcohol en los victimarios de la muestra no trascendió a  cuestionar su imputabilidad.

Consumption of alcohol and violence crimes offenders.

SUMMARY

The increment of deaths for homicide is a problem that faces the current world as consequence of the increase of the violence, thinking about a linking of the levels of crime rate with varied social, psychological and biological factors, being pointed out the consumption of alcohol like predisposition of the human aggressive behavior and it is classified as a significant factor of risk in crimes of the traffic and homicides, due fundamentally to the biological effects caused by the toxic from the first stages of the intoxication.
It was carried out a descriptive study of traverse court in 71 homicide victimaries and murders, to which were applied the questionnaires CID, briest MAST and CAGE, besides an interview to the author of the crime, to the defendant's judge of instruction and the consultation of the File of Preparatory Phase (FPP), analyzing different variables related with the consumption of alcohol at the victimaries of the studied crimes. 
The results of the investigation after their statistical prosecution and variabilistic correlation, evidence the ingestion of alcoholic drinks in the total of the sample in some way or consumption style, standing out the modality of social drinkers in 60,6 % of the victimaries and 53,5 % of all the studied fellows was checked to have ingested this toxic substance in one period of up to 12 hours before the moment of the fact. The results of the present study, relate the ingestion of alcohol intensely with these criminal figures, reaffirming that the consumption of drinks alcoholics is an outstanding criminogenic factor linked to these crimes of violence

Key words: homicide, murder, violence, alcohol.

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