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Rev. Hosp. Psiquiátrico de la Habana 2005;2(3)

 

CRISIS SUICIDA. PROPUESTAS PARA SU MANEJO

Sergio Pérez Barrero1

RESUMEN

Se exponen diversas características de la crisis suicida y se sugieren algunas técnicas para tratarla, haciendo énfasis en el significado del acto suicida. Asimismo se ofrecen medidas útiles para evitar que ocurran suicidios durante la hospitalización de los individuos en peligro de autoagredirse.

Palabras clave: crisis suicida, suicidio.

INTRODUCCIÓN

El manejo de la crisis suicida es complejo, porque hay que tener en cuenta que no es lo mismo tratar una crisis suicida de forma ambulatoria que con el paciente hospitalizado en una sala de psiquiatría de un hospital general, en una unidad de intervención en crisis, una unidad de Suicidiología o un centro penitenciario.

El terapeuta debe tener un mimetismo camaleónico para poder adaptarse a las múltiples formas en las que se puede presentar una crisis suicida. Sin embargo, en el manejo de este tipo de crisis es imprescindible tomar aquellas medidas que garanticen que el sujeto llegue vivo a los especialistas y es crucial que los toxicólogos, intensivistas, caumatólogos y cirujanos estén actualizados en sus respectivas áreas del saber en cuanto al tratamiento de los que intentan suicidarse, porque también ellos forman parte de la cadena de atención al suicida.

DESARROLLO

La crisis suicida es aquella en la que, una vez agotados los mecanismos adaptativos, creativos o compensatorios del sujeto, emergen en él las intenciones suicidas, y existe la posibilidad de que el individuo resuelva la situación problemática mediante la autoagresión intencionada; este tipo de crisis requiere un manejo apropiado del tiempo, ser directivo y tratar de mantener a la persona con vida como principal objetivo. Su duración es variable, puede durar minutos, horas, días, raramente semanas y se debe hacer uso de todos los recursos disponibles para mantener con vida al individuo hasta que la crisis cese.

La hospitalización no evita el suicidio, pues no son pocos los pacientes que lo consuman en las salas de Psiquiatría, principalmente cuando no se toman las medidas de vigilancia continua mientras dura la crisis suicida, lo cual es importantísimo.

Una forma de manejar una crisis suicida es conocer cómo se sienten esas personas aquí-ahora, en esos momentos críticos. Lo común en ellas es sentirse terriblemente solas, sin nadie interesado en entenderlas. En muchas oportunidades, el aislamiento en que se sumergen facilita estos sentimientos. Con frecuencia consideran a la vida carente de sentido alguno, suponen que las demás personas se sentirían mejor si ellas no existieran y que es preferible estar muertas. Se sienten pesimistas, creen que nada les ha salido, les sale ni les saldrá bien en sus vidas, que son una calamidad y que sus dificultades no tienen solución. No son pocos los desesperados cuyas fantasías suicidas en sus mentes, se hacen más firmes y convincentes cada minuto que pasa, pero unido a ello sienten también muchos deseos de seguir viviendo si determinados cambios ocurrieran, si se les brindara un poco de ayuda. Es conveniente eliminar el criterio equivocado de no poder ayudarlos con el simple sentido común, pues ellos solo necesitan que se les escuche y se les asista. 1,2

Ante una persona que le confía sus deseos de suicidarse, le sugiero lo siguiente:

Hay un aspecto muy frecuente entre los profesionales de la salud que no dominan el tema del suicidio y los suicidas y se trata de quienes consideran que los que intentan el suicidio desean obtener una ganancia secundaria o llamar la atención. Creo que todos los seres humanos somos gananciales, porque todo se hace por algo y para algo. Lo que sucede es que aplican este concepto de ganancia secundaria descontextualizado de la terapia analítica, en la que también se menciona una ganancia primaria.

Insisto en esto porque hay que generalizar esta supuesta ganancia secundaria, no solo a los pacientes, sino a los terapeutas, familiares, etc. para que no se pretenda creer o hacer creer que quien único es ganancial es el que sufre. Lo segundo es con relación a llamar la atención. Yo considero que el que intenta el suicidio desea llamar la atención, de la misma manera que desea llamar la atención quien se viste elegantemente.

Todos los seres humanos desean llamar la atención, lo que algunos llaman autoagrediéndose, para comunicarnos que están sufriendo, que algo no anda bien, que se les han agotado los mecanismos de afrontamiento exitosos.

Otra forma de manejar a estas personas con riesgo de suicidio, es aquella en la cual lo primero que se debe hacer es realizar el diagnóstico del significado de quitarse la vida para quien desea hacerlo o lo haya intentado. No todos los que se autoagreden tienen reales deseos de morir. A los efectos resultantes de autoagresiones sin propósitos de muerte se les denominan daños autoinfligidos.

Muchos se infligen daño para evitar con ello el dolor físico, síntoma fundamental ocasionado por determinada enfermedad, y no es menester la evidencia del mismo, sino que pueden atentar contra la vida a causa de lo por venir, como es el caso de enfermedades incurables. En esta situación, lo esencial es asegurarle al individuo que existen los medicamentos fundamentales en cantidad suficiente para hacerle frente a esta contingencia y, de fracasar, hay otras técnicas para poner fin al dolor, disponibles en instituciones especializadas.

Algunos desean con el suicidio agredir a otros seres queridos por lo que se hace provechoso discutir el tema de la agresividad y cómo hacerla socialmente útil, pues no es malo ser agresivo, sino hacer un mal uso de ella. Un boxeador que no sea agresivo no es un buen deportista, pues en todos los deportes de combate la agresividad es fundamental. Y ni siquiera en estos casos puede ser utilizada a tontas y a locas, sino de manera inteligente que se traduzca en la victoria. En lo cotidiano hay que hacer lo mismo.

Otros reaccionan de esta manera ante la pérdida de una relación valiosa, y en estos casos se les debe recordar otras pérdidas que hayan precedido a la actual, relacionar los estados anímicos pasados con los presentes y valorar en qué medida esta situación ha vuelto a tener el mismo significado de las experiencias pasadas, pero ahora es un adulto y se espera de él enfrentarlas de forma más madura, más realista, menos dependiente, menos dañina para él y los que le rodean.

Muchos de los que intentan suicidarse nos están indicando que en ellos ha comenzado una determinada enfermedad mental de importancia, que necesita de atención especializada cuanto antes, por el peligro de llevar al individuo a consumar el suicidio, por lo que se hace impostergable la orientación hacia una clínica psiquiátrica para su diagnóstico, tratamiento y seguimiento de su evolución por profesionales competentes.

Algunos recurren al suicidio tratando desesperadamente de pedir ayuda por encontrarse ante un problema que son incapaces de resolver por sí solos, pues sobrepasa sus capacidades de ajuste. En estos casos, lo mejor será retirarlos de la situación conflictiva si fuera posible mediante cambio de ambiente, hospitalización, etcétera, enseñarles otras variantes de afrontamiento y pedir apoyo a cuantas personas tengan que ver con este individuo y la solución de su contrariedad.

Hay quienes desean quitarse la vida para salir de una dificultad agobiante como pudiera ser una relación conflictiva y difícil, una situación socioeconómica precaria, responsabilidades ineludibles para las que no se están preparados, etc. Una buena alternativa en estos casos es brindar apoyo emocional al sujeto, calor humano y valorar de qué manera el estrés puede ser reducido para aliviar sus tensiones. 4

En cuanto al contrato no suicida que por definición es un pacto que realiza el terapeuta con un sujeto en riesgo de suicidio, que persigue como objetivo primordial comprometerlo a que no se dañe a sí mismo, a no intentar el suicidio, responsabilizándolo con su propia vida. Sin embargo, el contrato no suicida no garantiza que el sujeto no cometa suicidio por lo cual nunca debe ser utilizado con aquellos individuos que no se encuentren en condiciones evidentes de cumplirlo. 5,6

Se considera que los suicidas deben morir en los hospitales psiquiátricos al igual que los cancerosos mueren en los hospitales oncológicos. Se considera que debe ser así, y que todo aquel que cometa suicidio debe haber sido evaluado previamente por un psiquiatra o psicólogo.

Este planteamiento parece paradójico, pero no lo es, pues significa que ese individuo fue detectado en la comunidad, atendido por el médico de atención primaria y derivado a ingreso en un centro especializado. Y si se suicidó es porque es un sujeto con una elevada suicidabilidad, que a pesar de las medidas tomadas, logró sus propósitos, o también porque a ese nivel no fueron tomadas las medidas correspondientes. Este sería un intento de establecer un paralelismo entre otras causas de muerte y el suicidio.

Es importante señalar que en los hospitales hay que tomar determinadas medidas que pueden reducir los intentos de suicidio y los suicidios consumados, entre las que se mencionan:

Marcar en rojo la historia del paciente y separarla del resto de las historias clínicas de otros enfermos.

  1. Ubicarlo en un cubículo donde la enfermera pueda observarlo constantemente.
  2. Advertir a todo el personal del peligro suicida.
  3. Advertir al familiar del peligro suicida y a los familiares que le relevan en el cuidado del sujeto.
  4. Acompañante permanente.
  5. Evolucionar el plan suicida como objetivo fundamental de la evolución médica.
  6. Imponer tratamiento con la droga necesaria, en la dosis adecuada y durante el tiempo suficiente.
  7. Cuando mejore desde el punto de vista motor, si persiste la ideación suicida, se debe incrementar la vigilancia.
  8. Si el peligro suicida es importante fijar químicamente al sujeto (las personas dormidas no cometen suicidio).
  9. Si el peligro es inminente sugerir TEC.
  10. Si tiene dudas, pida ayuda a otro personal más calificado.

Estas son algunas de las orientaciones que se debe ofrecer al personal de la sala del hospital al cuidado de pacientes con riesgo de cometer suicidio.

La hospitalización forzosa constituye un recurso que se debe a utilizar cuando todos los demás se agoten, pues se han hecho investigaciones que arrojan como resultado una mala evolución de estos casos, resultado que tiene que ver, no tanto con lo forzoso del internamiento, sino con aquellas condiciones que conllevan utilizar este recurso y no otros.

Finalmente, un aspecto muy importante del manejo de la crisis suicida es la responsabilidad medicolegal, la buena o mala praxis en el manejo del comportamiento suicida, pues una de las características del duelo de los terapeutas es que entre sus manifestaciones se encuentra el temor a ser objeto de represalias incluyendo las demandas legales por parte de los familiares, evadir el encuentro con ellos, considerarse incompetentes, no desear volver a tratar pacientes con riesgo de suicidio, etc.

Por suerte para los que tratamos con estos individuos, los pleitos judiciales son realmente muy escasos cuando se hace lo debido. Además, se evita cualquier demanda legal y cualquier represalia o difamación cuando se logra una verdadera relación terapeuta-paciente-familia. Mantener vivo a un suicida es una tarea difícil, que nunca debe ser asumida a solas ni con omnipotencia. Debe ser un trabajo del sujeto, su familia, el terapeuta y todos los interesados en mantener con vida a esa persona.

Y cuando ocurre el suicidio, la postvencion la debemos iniciar en el propio funeral. 7,8

CONCLUSIONES

El manejo de la crisis suicida debe adaptarse a la situación concreta en que se realiza y a las particularidades del individuo que la padece, sin perder de vista que su objetivo esencial es mantener con vida al sujeto, hasta que la crisis, que puede durar minutos, horas, días, raramente semanas, haya finalizado.

SUICIDE CRISIS. PROPOSALS FOR ITS MANAGEMENT

SUMMARY

The author exposes diverse characteristics of the suicidal crisis, and suggests some techniques to manage it, making emphasis in the meaning of the suicidal act and offers useful measures to avoid the suicide occurrence during the hospitalization of the individuals with deliberate self harm danger.

Key words: suicidal crisis, suicide.

REFERENCIAS BIBLIOGRÂFICAS

  1. Pérez Barrero SA. Lo que usted debiera saber sobre suicidio. Ciudad México DF: Editorial Imagen Gráfica SA de CV; 1999.

  2. Pérez Barrero SA. El suicidio. Comportamiento y prevención. Santiago de Cuba: Editorial Oriente; 1997.

  3. Pérez Barrero SA. Psicoterapia del comportamiento suicida. Fundamentos. Ciudad de La Habana : Editorial Hospital Psiquiátrico de la Habana ; 2000.

  4. Pérez Barrero SA. Psicoterapia para aprender a vivir. Santiago de Cuba: Editorial Oriente; 2001.

  5. Pérez Barrero SA. La adolescencia y el comportamiento suicida. Bayamo: Ediciones Bayamo; 2003.

  6. Pérez Barrero SA. Significados del acto suicida en adolescentes y jóvenes sobrevivientes. Rev Psiquiátr Uruguay 1997;336:101-6.

  7. Pérez Barrero SA. Prevención del suicidio por el médico general. Principios para su capacitación. Psiquiatr Biol 2004;11:179-85.

  8. Pérez Barrero SA. Manejo de la crisis suicida del adolescente. Boletín de la Sociedad Canaria de Pediatría, Canarias Pediátrica del BSCP. Can Ped 2004:28(1):79-89.

 

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1 Profesor Titular de Psiquiatría. Especialista de II Grado en Psiquiatría. Policlínico Docente Universitario “Rene Vallejo”, Bayamo. Granma.

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