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Rev. Hosp. Psiquiátrico de la Habana 2013, 10(2)

 

Sigmund Freud: padre del psicoanálisis ortodoxo / Sigmund Freud: father of the orthodox psychoanalysis

Dr. C. Jesús Dueñas Becerra
Socio Honorario Scuola Romana Rorschach

No importa a qué lugar vaya,
siempre descubro que un poeta
estuvo allí antes que yo

Sigmund Freud

RESUMEN
En este artículo, el autor incursiona en la obra de Sigmund Freud; explica los principios básicos en que se estructura la escuela psicoanalítica ortodoxa; reseña los disímiles campos de acción en que se aplica el valioso aporte del polémico neurólogo y escritor vienés al desarrollo de las neurociencias y la cultura contemporáneas; y por último, argumenta las razones por las que no se autodefine como seguidor incondicional de la doctrina psicoanalítica, sino que solo utiliza el método psicodinámico en función de su labor como rorscharchista, crítico artístico-literario y periodista cultural.
Palabras clave: Sigmund Freud, psicoanálisis ortodoxo, neurociencias, cultura, psicodiagnóstico Rorschach     


ABSTRACT
In this paper, the author investigates in the work of Sigmund Freud and explains the basic rules in which is structured the Orthodox Psychoanalysis School, show the different action fields on which is applied the useful contribution of the Austrian neurologist and writer to the development of the neurosciences and present culture and as last, he explained the reasons for which he did not define himself as unconditional follower of the psychoanalytic doctrine , but he only used the psychodynamic method in his work as rorscharchist, art and literary critic and cultural journalist.
Key words: Sigmund Freud, orthodox psychoanalysis, neurosciences, culture Rorschach psychodiagnostic

INTRODUCCION

Varios asiduos lectores se han dirigido a mí en persona o por correo electrónico para pedirme que les hable del Padre del Psicoanálisis Ortodoxo, ya que —sobre todo en mis crónicas sobre arte, literatura y medios audiovisuales— empleo, con marcada predilección, el método psicoanalítico clásico en la interpretación que hacen los bailarines, actores y escritores del personaje al que le prestan cuerpo, mente y alma, tanto en las tablas de un teatro, como en el set de filmación o en las páginas de un relato corto o novela de ficción.
En este artículo, dedicado al genial neurólogo y escritor vienés, trataré de satisfacer las inquietudes cognoscitivas y espirituales de quienes me han solicitado que les aporte más elementos de juicio acerca de ese gigante de las neurociencias y la literatura contemporáneas.

DESARROLLO

Sigmund Freud (1856-1939) 1-2 define el Psicoanálisis como método de investigación, técnica de tratamiento y elaboración de un cuerpo teórico-conceptual, sustentado en un sólido andamiaje filosófico-antropológico.
Desde otra óptica, esa valiosa contribución realizada por Freud al desarrollo de la ciencia universal, es un sistema terapéutico que nace, crece y se consolida en la práctica médica, estructurada sobre la base de los hallazgos clínicos registrados por el estudio dinámico a personas con afecciones psíquicas o mentales.
Ulteriormente, el Psicoanálisis extendió su radio de acción a otros campos del conocimiento humano: filosofía, historia, sociología, religión, política, arte y literatura, y se convirtió —por derecho propio— en el non plus ultra, no sólo en el contexto clínico, que es su claustro materno, sino también en el cultural, donde el Psicoanálisis tiene un bien ganado espacio.
Los principios básicos del Psicoanálisis son los siguientes: dualismo cuerpo-alma; carácter primario de la mente, concebida como algo abstracto e inmaterial; el inconsciente, mecanismo rector del comportamiento humano; la libido o apetito sexual, principio y fin de la conducta del hombre; lealtad al maestro y fidelidad incondicional a la doctrina freudiana.
El Psicoanálisis estructura la mente y la personalidad sobre la base de tres pilares fundamentales: la conciencia, el yo o el ego. En tanto el yo obedece al principio de la realidad, dirige y organiza la conducta del sujeto de acuerdo con las exigencias del inconsciente o ello.
El superyó o superego desempeña la función de juez de paz o fiscal, según el caso, y regula el comportamiento psicosocial de la persona en su medio natural.
El inconsciente o ello, fuente inagotable de energía psíquica, sin aparente orden u organización alguna, responde —en lo fundamental— al principio del placer; y en última instancia, determina la conducta del sujeto.
Ahora bien, en el inconsciente del homo sapiens no sólo hay tendencias enfermizas, deseos insatisfechos o no realizados e impulsos sexuales reprimidos, sino también actividad espiritual, generadora de las acciones más nobles y bellas que caracterizan al soberano de la creación y le confieren, por derecho propio, su inviolable dignidad humana.
Con otras palabras, el inconsciente freudiano tiene dos componentes esenciales, delimitados por una línea imaginaria: el instintivo, malvado y feo, y el espiritual, bueno y sano.
La orientación analítico-humanista, herencia de la teoría psicoanalítica ortodoxa, identifica a la persona sana como aquella que vive en perfecta armonía con su yo y con su entorno, y consecuentemente, domestica a la bestia salvaje que todo hombre lleva dentro, y que se esconde, tanto en el componente instintivo del inconsciente freudiano, como en el superyó o superego, cuando este último desempeña el papel de acusador implacable.
El mayor mérito de Sigmund Freud no sólo estriba en ser el Padre del Psicoanálisis, sino en haber nucleado a su alrededor a discípulos de la talla excepcional de Alfred Adler (1870-1937), Carl G. Jung (1875-1961), Jacques Lacan (1901-1981) y Erich Fromm (1900-1980), quienes —con posterioridad— se separan del maestro y fundan sus respectivas escuelas.
El peor defecto de Freud es su intolerancia, legado del ilustre profesor y neurólogo francés Jean Martin Charcot (1825-1893), quien nunca le perdonó a su aventajado discípulo que abandonara el ejercicio de la Neurología para dedicarse a la psiquiatría, y concretamente, al Psicoanálisis, cuyo valor científico el célebre maestro de la Salpetriere no vaciló en poner en tela de juicio.
Para hablar de Freud no hay términos medios: su legado intelectual y espiritual ha sido alabado o desdeñado; su integridad profesional, admirada o cuestionada; su rectitud metodológica, celebrada o combatida, desde que en 1895 diera a la estampa los resultados de su investigación sobre la histeria.
Freud descifra la complejidad y los vericuetos de la mente, otorga importancia a las confidencias sexuales de los pacientes que él atiende, cura graves neurosis, descubre el Complejo de Edipo y revela el significado de los sueños.
Por otra parte, caracteriza el psicoanálisis como un método encargado de traer a la superficie experiencias y sentimientos del inconsciente, el cual condiciona el comportamiento humano; y a través del tratamiento psicoanalítico, es posible rastrear los problemas desde su génesis u origen.
La teoría freudiana sobre los principios de la neuropatología, incluidas las etapas oral, anal y genital del desarrollo psicosexual, así como la estructura de la mente: yo, superyó y ello, ha sido expuesta, estudiada, combatida e impugnada, no una sino miles de veces.
Ahora bien, los conceptos sustentados por Freud, con sus aciertos e imperdonables excesos, están presentes en manuales de toda corriente psicológica o psiquiátrica, porque el fundador del Psicoanálisis es —a la vez— inocente y culpable, creador y emancipador, inquisidor e intolerante.
El principal artífice de la teoría psicoanalítica libera la imaginación creadora y diseña una teoría de la cultura, que influye en grandes artistas y escritores contemporáneos.
He ahí, precisamente, el vínculo que une a las artes y la literatura con el Psicoanálisis ortodoxo, el cual deviene método idóneo para estudiar cómo un bailarín, actor o escritor diseña el entramado psicológico y espiritual del personaje que lleva a escena o describe en las páginas de una obra literaria, cuándo y en qué momento el componente instintivo o espiritual del inconsciente freudiano está mediatizando la conducta del personaje concebido por la fecunda inspiración del artista.


CONCLUSIONES
Por último, quisiera destacar que el autor de esta crónica no está adscrito a la doctrina psicoanalítica clásica, porque no está de acuerdo con algunos de sus principios medulares, pero sí confiesa —sin rubor alguno— que es un ardiente defensor del método psicoanalítico ortodoxo, el cual utilizara en la calificación e interpretación de las respuestas a las láminas del Psicodiagnóstico Rorschach, 3-4 y que ahora aplica y seguirá aplicando a su quehacer en el campo de la crítica artístico-literaria y en el ejercicio del periodismo cultural.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  1. Freud, Sigmund Obras completas. Madrid: Editorial Biblioteca Nueva; 1948. Tres tomos.

  2. Quintana Mendoza, Juan D. Freud: pensamiento universal, auténtico, libre. Revista del Hospital Psiquiátrico de La Habana. 2011; 8 (2). Localizable en www.psiquiatricohph.sld.cu (Revisión de temas).

  3. Rorschach Hermann. Psicodiagnóstico. Buenos Aires: Editorial Paidós; 1964.

  4. Dueñas Becerra Jesús. Rorschach y Psicoanálisis. Revista Cubana de Psicología.  2001; 18 (2): 180-83.

 

Recibido: 2 de febrero de 2013.
Aceptado: 3 de mayo de 2013.


Jesús Dueñas Becerra. Psicólogo jubilado. Correo electrónico: jesus@infomed.sld.cu

 

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