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Rev. Hosp. Psiquiátrico de la Habana 2013, 10(3)

DOCTOR EDUARDO BERNABÉ ORDAZ: SU APORTE AL PSICOBALLET

Jesús Dueñas Becerra
Psicologo. Profesor-asesor y periodista. Socio Honorario Scuola Romana Rorschach

Ante todo, quiero agradecer a la máster en Ciencias Georgina Fariñas García, madre nutricia del Psicoballet, por la amable invitación de que fuera objeto para homenajear al comandante, doctor Eduardo Bernabé Ordaz, quien fue, es y será, per se culom seculorum, padre amantísimo del Psicoballet; método terapéutico genuinamente cubano que está celebrando sus cuatro décadas de existencia, y que se caracteriza —en lo fundamental— por fundir en cálido abrazo ciencia y arte. Disciplinas que ocupan un lugar relevante en el componente espiritual del inconsciente freudiano.

El Profesor Emérito de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana desempeñó una función «clave» en el desarrollo y consolidación de ese valioso aporte a la ciencia y la cultura cubanas, que desde hace mucho tiempo trascendió —con creces— las fronteras de nuestra geografía insular.

En el I Congreso Nacional de Psicología de la Salud, celebrado en marzo de 1979, el servicio de Psicología del hospital infantil docente Doctor Ángel Arturo Aballí, donde hace cuatro décadas nació el Psicoballet, incluyó en el programa científico una función artístico-terapéutica, protagonizada por niños con necesidades educativas especiales que recibían tratamiento psicológico en la capitalina institución de salud.

En ese contexto, Georgina —conocedora de los lazos de afecto y respeto que me unían al Héroe del Trabajo de la República de Cuba— me pidió que le diera una «ayudita» al Psicoballet, porque los roedores de la inteligencia y el talento ajenos, que no faltan en ninguna sociedad, querían arrebatárselo con el pretexto de que su utilidad como método terapéutico no había sido científicamente demostrada. Sin embargo, la vida le dio la razón a la fundadora del Psicoballet, porque no solo posee una sólida estructura científico-metodológica, sino también se sustenta en indiscutibles valores ético-humanistas.

Paralelamente a la solicitud formulada por mi colega y amiga, el único cubano candidato a los Premios Nobel de la Paz y de Medicina, me pidió que valorara —desde una óptica objetivo-subjetiva por excelencia— las posibilidades reales y potenciales del Psicoballet, ya que su creadora le había solicitado ayuda para evitar que la despojaran de su original contribución a la terapéutica psicológica.
 
Cuando asistí a la citada función de Psicoballet no pude ocultar la emoción que me produjo ver en el rostro de aquellos «pequeños príncipes» un rayo de luz en medio de las tinieblas en que vivían por padecer las más disímiles afecciones neuro-psíquicas.
 
En el informe que le rindiera al doctor Bernabé Ordaz acerca de la impresión que me dejó en la mente y en el alma ese momento único e irrepetible, registrado —con letras indelebles— en mi archivo mnémico, habría que destacar un párrafo que, en mi opinión, le abrió de par en par las puertas al Psicoballet:

Si ese tratamiento, basado en la martiana ciencia del espíritu y en el arte de las puntas, solo sirviera para esbozar en el rostro de los pacientes una sonrisa de felicidad, la existencia del Psicoballet estaría más que justificada.

La respuesta de nuestro director fundador no se hizo esperar: oficializó el Psicoballet, lo convirtió en departamento del Hospital Psiquiátrico de La Habana, le cedió un local en el departamento de Tratamientos Especializados (DTE), y le dio todo tipo de apoyo material, humano y espiritual hasta que, por razones ajenas a su voluntad, cesó como director de esa institución insignia de la salud pública cubana. .         
     
Con esa visión de futuro que caracterizara al expresidente de la Asociación Psiquiátrica de América Latina le dio vía libre al Psicoballet, porque estaba convencido de que su uso racional enriquecería el arsenal terapéutico de la psicología, y además, contribuiría a rehabilitar —desde la vertiente psicosocial— no solo a niños, adolescentes y jóvenes, sino también a pacientes con enfermedades mentales de larga evolución y a personas de la tercera edad.

El comandante, doctor Eduardo Bernabé Ordaz puso lo mejor del intelecto y el espíritu al servicio de la humanidad discapacitada… sin esperar nada a cambio, solo la inmensa satisfacción por el deber cumplido.

*Conferencia magistral impartida en la Casa de África, con motivo del aniversario 40 de la fundación del Psicoballet.

Jesús Dueñas Becerra.

Correo electrónico: jesus@infomed.sld.cu

 

 

 

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